martes, 2 de enero de 2018

La Tranquera - CAPITULO 9

     Miércoles 20 de Febrero del 2008

     Aparentemente era mi sugestión, y nada más que eso, ya es la tercera noche aquí, y nada raro ha pasado, solo se escuchan los ruidos comunes y normales de la naturaleza, el viento agitando alguna rama, o silbando arriba de esta casa sin techo, algún animal nocturno caminando por ahí, inclusive los mugidos de las vacas y los relinchos de los caballos ya me parecen cosa de todos los días. Le estoy tomando cariño al lugar, todo encaja perfecto, inclusive esta tétrica edificación a medio terminar pareciera acoplarse al paisaje, y tengo la libertad de hacer mis cosas sin molestar a nadie. Hoy estuve toda la mañana tomando mate y haciendo algunas artesanías para mañana, me senté debajo de uno de los árboles frutales, y le dediqué un largo tiempo al diseño de cosas nuevas, busqué las inspiración en aquellas cosas que me rodeaban, y de repente las vi, una colonia de hormigas coloradas y grandes, estaban transitando una carretera imaginaria, sin molestarse, sin interrumpirse, por lo menos distinguí dos tipos de estas en esa vía, se podría decir que unas eran soldados, las más grandes, y las otras, las que más abundaban, eran obreras, de menor tamaño, pero más inquietas. Por momentos alguna parecía desbandarse, e ir en busca de otro camino, a los segundos una de los soldados se ponía delante para guiar a la hormiga obrera nuevamente a la senda correspondiente, me llamó mucho la atención esta acción, como si se tratase de un niño abusón, que usa su tamaño para intimidar otro muchacho más pequeño, sin embargo, entendí al verlas, que su trabajo era necesario, para mantener el orden, ya que la recolección de comida, que es lo que las obreras tienen por tarea, es fundamental para la supervivencia de la colonia, fue en ese momento que me percaté de la necesidad de ciertos roles en las diferentes sociedades, también examiné mi propia realidad, tuve solo por poco tiempo la protección de aquella persona que podría haberme puesto nuevamente en camino, y no puedo evitar pensar que hubiese sido de mi, si mi mamá estuviese viva, si mi padre, no se hubiese ido con otra mujer, recién ahora, y con mucho recelo, estoy sintiendo eso de ser parte de una colonia, una familia, tantos años abriéndome camino a fuerza de voluntad, tanta fatiga, tantas decisiones tomadas con desatino, tantas lagrimas, tanto dolor, y hoy, sin haberlo merecido, ni haberlo buscado, encuentro el refugio y el amor que durante tantos años busqué, me cuesta mucho trabajo demostrarle a Raúl lo importante que es para mi tenerlo en mi vida, y tener por añadidura a su hermosa familia que me ofreció sus bondades con brazos abiertos, sin hacerme sentir como un completo extraño, ni forastero. ¿Y que decir de Vero? Me siento como un niño al que le compran ese regalo que estaba deseando, se me hace muy fácil hablar con ella, tengo la extraña sensación de haberme encontrado con alguien a quien siempre conocí, pero que el destino había apartado de mi lado por un lapso de tiempo, para luego devolverla a mi vida. Hoy siento que el rompecabezas se estuviese armando, las piezas que faltaban empiezan a aparecer, piezas importantes, necesarias, pero tengo el presentimiento que aún faltan más por hacer su presentación. Espero que sean tan buenas y lindas como las que ya decidieron formar parte de mi vida.

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