miércoles, 20 de diciembre de 2017

La Tranquera - CAPITULO 8

     Lunes 18 de febrero del 2008

     Ya estoy acomodado en mi nuevo hospedaje, tengo unas mantas, un colchón medio roto pero que sirve a sus propósitos, algo de comida enlatada, el anafe y el resto de mis cosas. Pampa me acompañó hasta la tranquera del frente, como quien necesita un guardián, un guardián juguetón, se quedó sentada un tiempo en la entrada esperando a que yo saliera, pero al ver que eso no iba a pasar pronto, se levantó y volvió con sus amos. Ahora se está haciendo de noche, así que no voy a poder seguir escribiendo por hoy, tengo una sola luz, y está del lado de afuera, así que me tengo que apurar para terminar las pocas cosas que me quedan hacer, además más tarde me veo con Vero, vamos a ver que pasa hoy! 

     Son las cuatro a.m. así que ya es 19 de febrero, estoy escribiendo a la luz de una linterna, complementada con el anafe, volví hace una hora de la casa de Vero, la pasamos excelente, y quisiera dedicarle más tiempo, el que realmente se merece, pero no dejo de tener una sensación de constante acoso, desde hace bastantes días atrás la vengo sintiendo, vine a revisar el diario para ver si había escrito algo antes, y sí, ahora recuerdo, hará por lo menos una semana atrás que me pasó algo parecido cuando estaba jugando con Pampa, pero esa no fue la única vez, también me pareció ver algo afuera de la casa de Raúl, una noche, de las primeras en la que estuve ahí, me desperté por los ladridos de la perra, y algo así como una sombra, se escabulló por la ventana en el momento que fui a ver que pasaba, no había nadie así que no le di importancia, pero hace un rato, cuando estaba volviendo de ver a Vero, sentí que me seguían, cuando pasé por lo de mi hermano Pampa salió a recibirme, con su cola haciendo el vaivén característico de alegría, y el reconocible gimoteo de un “te extraño”, le acaricié la cabeza, y me dejé lamer la mano, cuando me propuse seguir mi camino ella vino conmigo, le ordené varias veces que se volviera para la casa, pero no me hizo caso, intenté espantarla, amagando,  como si fuese a darle una patada, pero ella solo atinaba a ladear su hocico y mirarme con ojos de desconcierto, así que desistí en mis intentos de alejarla, y le permití que me acompañara. Vinimos jugando con un palo que se encontraba en el suelo, sin embargo, en algunas ocasiones al ir a buscar la rama, se quedaba ladrándole a la nada hasta que yo la llamaba. Una vez que llegamos a la tranquera la despedí, cerré el portón de madera sin dejarla pasar, se quedó sentada unos minutos, lo sé porque me quedé esperando a que se vaya, y luego emprendió el viaje de regreso. Quizás no es nada de nada, solo mi mente sugestionada, pero si no es así, ¿Qué le pasa a Pampa?

La Tranquera - CAPITULO 7

Domingo 17 de febrero del 2008
     Busqué toda la mañana la foto, le pregunté a Raúl si la había visto, no sabía nada, en su rostro observe que no había mentira, le pregunté a su esposa, su cara era de sorpresa, me ayudó en la búsqueda, revolvió toda la casa, se notaba lo preocupada que estaba, así que la descarté como sospechosa, además, ¿Para que querría justo esa foto? Quizás la perdí en otro lugar, o se me cayó, me pone muy triste que haya desaparecido, y me da mucha bronca no encontrarla.
     También me pasaron cosas muy lindas este fin de semana, pero con el asunto de la foto no pude escribirlas antes. El jueves a la noche estaba en la plaza vendiendo mis artesanías, de pronto siento que alguien se detiene a mirarme, no levanté la vista pero sentí que sus ojos se clavaban en mi, atiné a levantar la cabeza lentamente, pensé que se trababa de algún cliente disconforme, pero al observar sus pies me relajé un poco, eran piernas femeninas lo que veía, si bien las mujeres pueden hacer más escándalo que los hombres, sabía al menos que no iba a recibir una golpiza. Seguí el recorrido hacia arriba hasta encontrarme con su rostro, debo reconocer que en el trayecto me detuve en ciertas partes más de lo conveniente, y debe haberse dado cuenta, ya que esbozaba una sonrisa picara, y una expresión sarcástica de falsa estupefacción, lo que generó que se me suba el calor a la cara, si hubiese tenido un espejo a mano, mi reflejo hubiese sido de un rojo intenso.
-          Verónica- dijo extendiéndome la mano.
-          Tomás, encantado- le respondí, todavía con la cara roja.
-          Se te nota- alcanzó a decir mientras sacaba un papel y un lápiz de su cartera.
-          Tomás?- me preguntó como si no se acordara, al mismo tiempo que escribía algo que no llegaba a ver desde mi posición. Esperé a que sus ojos se posaran nuevamente en mí, y asentí con mi cabeza lentamente. Debo reconocer que en ese momento no entendía que estaba pasando.
     De repente el lápiz dejó de moverse, lo golpeó dos veces contra el borde de la hoja, dudó como por dos o tres segundos mientras perforaba el interior de mi ser con su mirada, me entregó el papel, no se si fue a propósito, o la torpeza de mis movimientos, pero dos de sus dedos rozaron el contorno de mi mano, el resultado, rubor permanente. Se dio media vuelta y se marchó, la observe durante algunos segundos hasta que me percaté de una cosa, la gente a mi alrededor tenía los ojos fijos en mi, agaché la cabeza, guardé el papel en el bolsillo, y seguí trabajando. No pude dejar de pensar en aquella situación durante los largos minutos de esa noche, me comportaba de manera distraída, estaba un poco desatento con los clientes, disperso, intentando contener la ansiedad, quería meter la mano en mi pantalón, sacar la anotación y leerla ahí mismo, pero al mismo tiempo no quería lucir desesperado, así que esperé todo lo que pude resistir, de un momento a otro tomé mis cosas y procuré guardarlas, entré en un estado de torpeza y desorden, no es un estilo muy mío, pero no aguantaba más las ganas. Una vez hube terminado de empacar los adornos y las herramientas me fui, al ir caminando me di cuenta que la plaza estaba en su mejor momento, la gente se había agolpado aquí y allá, dude por un momento de mi retirada, hasta que de pronto sentí un chistido.
-          Ey!- escuché a mis espaldas.
Giré sobre mis pies, y ahí estaba ella nuevamente, con su picara sonrisa dibujada en el rostro.
-          ¿Se puede saber a donde se va el señorito a esta hora?- me increpó con el ceño fruncido, sus brazos en posición de jarra, sus dedos repiqueteando en su cintura, el pie izquierdo golpeaba el suelo impacientemente, su postura me hizo acordar a mi madre cuando estaba a punto de regañarme, sin embargo, y para mi consternación, soltó una carcajada, fue como si de repente abrieran la compuertas de una represa y todo un río se precipitara abruptamente por la tensión acumulada. Relajé un poco mis hombros y respondí en forma de pregunta.
-          ¿A mi casa?, en realidad a la casa de mi hermano- respondí entrecerrando los ojos en búsqueda de su aprobación.
-          ¿Pero tan temprano? ¿acaso no leyó todavía lo que le escribí? Preguntó sin sorpresa, ya sabía la respuesta.
-          No tuve tiempo- mentí- Y estoy un poco cansado- volví a mentir.
-          ¿Podrías leerla ahora? No vaya a ser que lo hagas tarde y después te arrepientas- me dijo con voz aniñada y burlona.
     Saqué el papel del bolsillo, con más torpeza de lo habitual, y leí para mis adentros.
-          Sí,- contesté sin miramientos.
-          ¡Genial! ¿Me esperarías a que cierre el puesto? Tardaré una hora más o menos, podrías esperarme en el bar que está en la esquina.- me dijo señalando un barcito lleno de jóvenes puntanos.
Asentí con la cabeza, nuevamente las palabras se atoraron en mi garganta. Sin un hasta luego, producto del desconcierto y la vergüenza, caminé en dirección al bar, parecía flotar con cada paso que daba, como si saltara de una nube a otra, mis manos sudaban gracias a los nervios, pero me reconocía contento más allá de lo raro de la situación.
Procuré una de las pocas mesas que se encontraban libres en la parte de afuera, me prendí un cigarrillo, y esperé a que me atendieran, me trajeron una cerveza estúpidamente helada, la cual bebí a grandes sorbos, mis dedos secaban las gotas de la transpirada botella, al tiempo que mis pies repiqueteaban en el suelo, aguardaba el momento a que Verónica apareciese con muchas ansias. Los minutos pasaron lentamente, la bebida empezaba a escasear en el vaso, y a sobrar en mi sistema, poco a poco fui ganando la sensación de mareo, sí, aquella que se sufre cuando uno tiene copas de más, nadie alrededor parecía notarlo, la lógica me decía que ellos estaban igual o en peor estado que el mío. De repente, y sin darme cuenta, alguien corrió la silla que tenía al frente, y ahí estaba ella, esbozando su reluciente sonrisa. Nuevamente se detuvo unos segundos para examinarme con su mirada, como si estuviese buscando alguna cosa extraviada detrás de mis ojos, parpadeó, y como si fuésemos amigos de toda la vida soltó un ocurrente comentario.
-          ¿Cómo que estuvimos bebiendo, no? Al tiempo que sostenía la botella vacía en una de sus manos.
-          ¿Debería haber esperado? Pregunté asustado, pensando que quizás había violado alguna regla de caballerosidad.
-          ¡No!- exclamó golpeándome el brazo. – Ahora voy a tener que tomar más rápido para seguirte los pasos, te me adelantaste un poco nada más. Dijo mientras levantaba en su mano la botella agitándola para que el mesero la viera.
-          ¡Bueno! Dije envalentonado por la bebida. – ¿A que debo su amable invitación?
-          Directo al grano, como me gustan a mi. Guiño un ojo cómplice. – Te vengo observando desde hace algunos días, como te habrás dado cuenta, trabajó a unos pocos pasos del lugar donde tendés tu manta, me gusta lo que hacés, me gusta como tratas a tus clientes, me gusta tu onda, y tenía ganas de hablar con vos. ¿Soy muy directa? Espetó, mientras alcanzaba a llenarse el vaso con la cerveza que acababa de llegar.
-          Bastante para lo que uno está acostumbrado. Le contesté alagado y nuevamente ruborizado. – Acá me tiene, a su merced. Continué, mientras hacía un ademán con mis manos.
     La charla prosiguió entretenida, entre risas, preguntas y coqueteos mutuos, tres horas después, y varias cervezas más terminamos yendo para su casa, la cual estaba de paso para donde yo tenía que ir. Me invitó a pasar, pero alegué cansancio y borrachera, pero la verdadera razón era un poco de vergüenza y culpa. Sí, me gusta, y al parecer yo le gusto a ella, pero tentar a la suerte cuando una noche ya está bien en si misma, no es lo mío. La despedí con un beso, cerca de la comisura de sus labios, eso fue más por histérico que por otra cosa, pero pareció agradarle.

     Al continuar con mi camino vi que alguien me estaba esperando en la esquina de la casa de Raúl, ¡PAMPA! Grité con alegría, había venido a esperarme, y al parecer estaba contenta de verme, porque no paró de mover la cola desde el momento en que me reconoció, corrió y corrió a mi alrededor, ladrando, tirando sus patas delanteras para jugar conmigo, cuando llegamos a la casa le di un nuevo juguete que había comprado ese día, ella estaba muy feliz, y yo también.

lunes, 18 de diciembre de 2017

La Tranquera- CAPITULO 6

      Viernes 15 de febrero del 2008

      Nuevamente estoy trasnochando, escribo estas palabras a la luz de la lámpara de la sala de estar, quería expresar dos cosas lindas que habían pasado entre ayer y hoy, pero llegué a la Casa de Raúl y vi que tenía la mochila abierta, todas mis cosas estaban desordenadas. La foto que tenía con mi mamá no está, la busqué por todos lados pero no la encuentro, tal vez mi hermano la vio cuando revisaba mis cosas, pero eso también me llama la atención, ¿Por qué habría de hacerlo? ¿Por qué tocaría mi mochila sin pedirme permiso? Es posible que haya necesitado alguna cosa y supuso que yo podría llegar a tener ese algo. De todas maneras la foto de mamá no está, y es el único recuerdo que me queda junto ella, si se me pierde esa foto me muero.

La Tranquera - CAPITULO 5

     Miércoles 13 de febrero del 2008
     Al parecer a Pampa le gustó el juguete, tanto le gustó que tengo que ir a comprarle otro nuevo, y más resistente, al principio le dio miedo, y estuvo como cinco minutos olfateándome hasta que agarró confianza, una vez que estuvo todo reconocido, se puso muy juguetona, toda un personaje, trató de morderse la cola corriendo en círculos como media hora, se tiraba al suelo, se revolcaba, se paraba, me lamía la cara, y obviamente se lamía otras cosas también, sí esto ayuda para asentar el rol de hippie, y al mismo tiempo ganar su confianza, bienvenido sea, igual me llamó mucho la atención por momentos, cuando se mantenía en posición de alerta, como si alguien estuviese en la puerta del frente esperando por entrar, se quedaba mirando un rato, luego pasaba la mirada hacia mí, como a la espera de que haga algo, y así intercalaba su atención, de la puerta hacia mi, y de mi hacia la puerta, cada vez que yo miraba no había nadie, pero la última vez que me di vuelta sentí un escalofrío que bajaba por mi espalda, quizás fue mi propia paranoia y sugestión, tuve la sensación como si algo u alguien nos estuviese observando.
     Cambiando de tema, ayer fuimos con Raúl a ver la casa, está como a un kilómetro de distancia de la actual casa, más o menos, digo más o menos, porque como en todo el interior, las distancias son totalmente subjetivas, ahora bien, el camino es recto, no hay que desviarse para ningún lado, cosa que es buena, porque no hay luz que te ayude si te perdés, así que tengo que comprar pilas para la linterna, y también voy a tener que conseguir botas de lluvia, por las dudas, sea la distancia que sea, no hay un metro de asfalto desde acá hasta allá, si llueve me voy a embarrar hasta los tuétanos. La casa está a medio terminar, eso, si uno la quiere ver con cariño, el lugar no tiene ni techo, el baño se encuentra afuera, como a veinte metros de la casa, la cocina no tiene muebles, ni gas, ni heladera, ni nada, pero Raúl me dijo que tenia un anafe y una garrafa para llevarme, creo que con eso voy a estar bien, hay un especie de catre con elásticos de hierro, bien ruidoso, pero por lo menos tengo una buena vista, a la noche puedo tocar la guitarra mirando las estrellas, tengo que encontrarle el lado positivo ¿no?  Más allá de lo precario de la habitación, el parque es enorme, lleno de verde, apenas entrás, a la izquierda hay algunos árboles frutales, ninguno tiene nada todavía, pero quedan lindos igual, a la derecha hay un alambrado que da a un campito, el vecino no estaba, pero vi que tenía algunas vacas y caballos, que lindo sería tener uno de esos para salir a cabalgar una tarde, bien de campo.!


     Creo que hoy me extendí demasiado, mañana voy a comprar las cosas que me hacen falta para la casa y a la tarde de nuevo a la plaza hasta que las velas no ardan!. ¡Velas! ¡Tengo que comprar velas!

domingo, 17 de diciembre de 2017

La Tranquera - CAPITULO 4

Lunes 11 de febrero del 2008
     Hoy fui a buscar materiales bien temprano en la mañana, aproveché también para ir a comprar algún regalo a Raúl, ahí se me complicó un poco la situación ya que no sabía muy bien que podía llegar a necesitar, así que traté de ir a lo seguro y le regalé un equipo para hacer asados, cuchillo, tenedor, pinza y atizador, no eran muy buenos, pero a él le encantó el gesto, fue ahí que me di cuenta que al menos en eso somos muy parecidos, me dio un abrazo muy fuerte, y sentí un cariño que hacía mucho tiempo no experimentaba, fue muy lindo el momento que se generó y lo disfruté mucho. También le compre algunas cosas mas para la cocina, sin la intención de hacerle pensar a la esposa que soy un machista que quiere tenerla ahí dentro todo el día, así que le obsequié una pava eléctrica y un equipo de mate para salidas, aproveché para comprarle un juguetito a Pampa también, voy a ver si puedo jugar con ella así se le va un poco el recelo que aparentemente me tiene, hoy cuando me fui me enseño los dientes, cosa que me dio un poco de miedo porque no había nadie, pero enseguida salió ladrando hacia el costado de la casa, parecía un tanto molesta.

     Dentro de un rato salgo con Raúl a ver la casa, vamos a analizar en que estado está y si es posible quedarme ahí al menos un mes más.

La Tranquera - CAPITULO 3

Domingo 10 de febrero del 2008
     A decir verdad ya pasaron las doce de la noche, pero todavía estoy despierto. Fue mi primer día en la plaza, no había preparado tantas cosas para vender sin embargo parece que a la gente le gustó, gané unos $300,00 que me van a servir para comprar algo de materiales y hacerle algunos regalos a Raúl y su familia que tan bien me han recibido. Me pone muy contento que la relación se está dando mucho mejor de lo que esperaba. Hoy Raúl me ofreció quedarme más tiempo, no en su casa claro está, ya que no es muy grande y yo estoy durmiendo en el living, pero me habló de un terreno en el que está construyendo, cerca del lugar en donde vive ahora, mañana vamos a ir a verla, estoy bastante emocionado por la oferta y por la posibilidad de seguir trabajando acá un tiempo más. Ya se hace tarde y tengo que dormir, las luces están apagadas, solo quedó prendida la que está en el patio donde duerme Pampa, la perra labradora de mi hermano, será que todavía no se acostumbra a mi, o bien no se porque, pero a la noche suele ladrar mucho y no quiero que despierte a los que mañana tienen que madrugar.
    

La Tranquera - CAPITULO 2

     Sábado 9 de febrero de 2008
     Hace dos día que no toco este diario, veo que no va a ser fácil dedicarle tanto tiempo a esto de escribir, la primera y última vez que entre hice mención de cómo estaba físicamente, quizás deba agregar algo más, pero supongo que lo haré en la medida en la que sea necesario, también comenté un poco sobre mi trabajo, del cual debo mencionar, todavía no hice aquí en San Luis, mi hermano estuvo mostrándome algunos lugares que están cerca, ayer por ejemplo nos subimos al auto y nos dirigimos al Trapiche, un pueblito a una hora y monedas de la capital, debo reconocer que es un muy lindo lugar, tranquilo, con muchos árboles y un río que está encausado en murallas de concreto, creo que si estas no estuviesen sería mucho más lindo todo el paisaje, pero me dijeron que tiene que ser así en el pueblo por las dudas haya un desborde del río o bien el agua no se lleve la tierra y provoque desmoronamientos, es lógico pensarlo ya que las casas están a tiro de piedra de ambas orillas. Hoy fuimos al Potrero de los Funes, el dique no me pareció la gran cosa, pero en un momento estacionamos en una arboleda y nos estaba esperando un grupo para hacer un ascenso hasta el salto de la moneda, la verdad que fue muy divertida la experiencia, escalamos y caminamos por más de dos horas, el guía nos comentaba que mucha gente se aventura a hacer la travesía sin alguien que conozca el camino, y hace tres días atrás dos mujeres se perdieron y tuvieron que ir a buscarlas por la noche, recién las encontraron cerca de las cinco de la mañana al día siguiente, mojadas, repletas de magullones y picaduras de varios insectos, la realidad, tuvieron suerte ya que en la zona hay serpientes, y algunas son ponzoñosas, pero en fin, el lugar al que llegamos era hermoso, una especie de receptáculo profundo de piedra en la cual cae un hilo de agua desde cinco metros más arriba que llena todo el estanque, el lugar es grande como para que la gente pueda dispersarse, algunos fueron hasta un salto que queda más arriba, pero no tenía ganas de seguir escalando, además hacía calor, y el sol estaba desnudo, sin ninguna nube a la vista, resultado, tengo toda la espalda con aloe vera y arriba una toalla mojada mientras escribo, situación inmejorable...

     Esta noche vamos al centro, a conocer la plaza y ver si mañana puedo tirar la manta en algún hueco. Espero que no me cobren caro el espacio, no estoy con mucho dinero. Espero tener suerte!

La Tranquera - CAPITULO 1

Aullidos y sombras


    En este diario deposito mis últimas esperanzas, espero que alguien lo encuentre pronto, antes que ellos lo hagan...
     Jueves 7 de febrero de 2008
Hace tres días que llegué a la casa de mi medio hermano, acabo de comprar este diario porque me pareció divertido documentar mi experiencia en este lugar y este momento.
    Raúl (mi medio hermano) me animó a expresarme de esta manera, me dijo que algún día podría mirar hacia atrás y olvidar muchas de las cosas que viví, que la mejor manera de perpetuar a las personas, los lugares y las experiencias es a través del papel, también me dio una guía para poder comenzar este diario para situarme en el contexto en el cual estuve, así que saludo al Tomás que está leyendo esto en el futuro!.


     Raúl me dijo que para empezar me ponga delante del espejo y describa lo que estaba viendo, así que aquí estamos, parados delante del espejo del baño. Lo primero que puedo notar es que el viaje que vengo realizando desde hace más de dos meses me ha hecho estar más en forma, aunque sospecho que estoy un poco flaco porque los pantalones se me caen, de alguna manera mis pómulos resaltan bastante más de lo que creía, también veo que mi pelo necesitaría algo más de cuidado, si no fuera tan hippie quizás lo haría. Me río mientras escribo esta imprudente apreciación. Descubrí algunas pocas canas a los costados, pensé que me iban a hacer lucir más viejo, pero dan mucha personalidad, al menos a mi me gustan, continúo con mi propia auto foto frente al espejo, arrugas, sí, algunas pocas cerca de los ojos, se marcan mucho cuando sonrío, me estoy dando cuenta que justamente en ese momento, cuando sonrío, mis ojos se esconden cual oriental, no me decido en el objetivo a usar, si es simpático y aniñado, o solamente llamarme grandote y tonto. Continuando con la inspección de mi rostro, debo decir que he mirado dentro de mi boca, me persigno solamente por haberla nombrado, los dientes están bien alineados, pero el mate y el cigarrillo han hecho mella en ellos, ya no hay blanco perlado como otrora, más bien predomina un amarillo nacarado con marcadas líneas oscuras, espero llegar a Buenos Aires para hacerme un tiempo e ir al dentista. El resto del cuerpo puedo verlo sin utilizar el espejo, mis manos están ásperas,  y debo reconocer que hay momentos en que me duelen un poco las articulaciones, supongo que se debe a lo que hago para ganarme el pan, no se si es correcto anotarlo en este momento, o bien tengo que hacer un apartado, pero voy a arriesgarme a mencionármelo, no vaya a ser que en el futuro me olvide, soy artesano, y a eso me dedico,  aunque no quiero hacer esto toda la vida, sin embargo hoy trabajo metales con mis manos, les doy formas, le agrego cosas y le saco otras, me gustan las formas que representan algo pero están a libre interpretación del comprador, es que cuando uno se sienta en una plaza, extiende la manta y expone sus obras, la gente que pasa suele darte charla sobre lo que haces, y a muchos les gusta hacerse los expertos diciendo tal cosa o tal otra sobre tal o cual artesanía, como a mi solo me interesa venderlas, porque sino no como, dejo que hablen y digan lo que quieran, porque en definitiva el que tiene razón al final del día es el estomago. Tengo algunos cayos en las yemas de los dedos, pero intuyo que estos fueron producidos por la guitarra más que por mi trabajo, en algún momento había pensado en dedicarme a tocar en las plazas y los colectivos, pero recaudaba pocos aplausos y mucho menos monedas, así que con esto recorrí el país, hasta llegar a donde estoy ahora, en San Luis capital, ciudad de los puntanos, en casa de mi medio hermano Raúl, veremos cómo nos trata esta nueva situación.

martes, 12 de diciembre de 2017

¿QUE ES? En lo de Marian (blogg INTRO)



  En los de Marian surge, como todo en la vida, por una evolución del entendimiento de la necesidad en si misma, me sentí necesitado de hacerlo. Me tomaría demasiado tiempo (y por eso en parte existe esta herramienta) poner por escrito todas las ideas de manera ordenada, en apariencia cronológica, porque por más que lo intente entiendo que la vida, incluso la de las ideas, están latetes en la nada, a la espera de nacer. Para que algo cobre vida, otra cosa tiene que morir primero, para que crezca una planta, perece una semilla, es decir que la nada muere y la vida nace, la vida se mantiene mediante sostenes  coherentes, como la composición musical, se sostiene en una cadencia, ritmo, tono, color, y esta vida evoluciona constantemente, lo que la hace dinámica, pero no impredecible. Pero si alguno de estos sostenes, o el total de estos, sucumbe, ¿Cual es nuestro futuro?. ¿Podría ser esta una contribución a saberlo?. Preguntas sobran como verán! Espero que algunas respuestas podamos encontrarlas juntas, pero lo que si sé, es que los sostenes de la vida son como las bases de una edificación, si esta mal hecha, lo que se encuentra encima corre peligro de derrumbe. Entienda que mi necesidad de compartir esto es por observar, que casi todo alrededor, está basado en SISTEMAS Y NO EN SOSTENES… 10 pasos para alcanzar el éxito laboral, 3 pasos para perder peso, 80 claves para la paz interior, y todas las cosas que nos sugieren HACER, incluso a veces de formas persuasiva. Pero no tiene coherencia el hacer con el SER.
     Recuerdo haber leido hace años el cuento de Sir Gawain y el caballero verde (si quieren saber más: https://es.wikipedia.org/wiki/Sir_Gawain_y_el_Caballero_Verde) un prototipo de lo que debería ser un caballero normal (es decir que se atiene a la norma, no que es perfecto) y preguntarme, ¿Vemos a estos personajes el día de hoy? ¿por que estos sostenes están caducos en nuestra vida?
     Hay Heroes (prototipos), los vemos en las peliculas, y a veces ese espiritu se contagia, pero no es lo normal, es decir que perdió el rol de norma, ahora lo vemos, y por lo general, es la excepción. Pero considero que ser pueden tener, fabricar, los sostenes, incluso propongo que sea bueno y me ayude a poner los mejores materiales (contenidos) para conmigo mismo. Ser la mejor versión de nosotros mismos no es una tarea fácil (es una tarea heróica, por eso se la proyectamos a ellos), pero le invito a que me acompañe en este desafio, por mi lado, voy a compartir todas aquellas cosas que sostienen mi vida.
     “Las cosas pasan dos veces en la historia, diría un Profesor de teología que tuve, la primera como tragedia, y la segunda como comedia”.
     En lo de Marian, amamos las segundas partes, así que es posible que te encuentres con muchas cosas que no cuadran en un marco formal (como esto).
     Les deseo buena aventura, y mucho amor (el primero de los sostenes).
Mariano Emmanuel Spoletini

Stand Up Comedy - Superman.


lunes, 11 de diciembre de 2017

Oleos y pinceles



Oleos y pinceles

Flota en el aire una figura, rayas y manchas multicolores, texturas uniformes se transportan de mi mente a mis manos, respiro fuertemente, mi corazón late arrítmicamente, se que lo tengo que transmitir correctamente, no tengo que dejar que el día se lleve de mi memoria aquel milagro que ocurrió mientras dormía, ubico el lienzo en el lugar preciso, al tiempo exacto, trato de sentir el calor de la luz entrando por la ventana, la calidez me abraza, me siento protegido, como al cuidado de una madre, mi mente me lleva a otros pensamientos pero me fuerzo a volver a ese momento en el inconsciente en donde me sentí pleno, me sentí vivo, cada descarga eléctrica de mi cerebro me mantuvo extasiado, en vilo, quiero pintar, quiero usar mi cuerpo para crear, algo nuevo, algo bueno en sobremanera, único y placentero. Dispongo del pincel y la paleta, huelo el aroma de los oleos perfumando el aire, llenan mis poros, erizan mi piel, me dejo llevar, el pincel es una es una extensión de mi mano, como mi mano es una extensión de mi mente, mi mente también es una extensión, de algo superior, de algo sumamente supremo, algo que no sé cómo explicar, algo que no puedo razonar, pero ese algo me quiere ver pintar lo que dispuso en mi mente. Me sumerjo en la escena, me apuro a tomar diferentes marrones y grises, los ubico en la paleta y comienzo a mezclarlos hasta adquirir el color que tenía en la mente, una satisfacción que nunca había sentido recorrió todo mi ser, tomó el pincel, concentrado en cada trazo, el lienzo comienza a tener vida, columnas marrones grisáceas se interponen entre si, un ejército de grandes robles, altos, imponentes, me saludan orgullosos, con mirada altiva, sin corrupción, totalmente honesta, los miro absorto, sorprendido ante su magnitud y gloria, una reverencia se hace presente en mi cuerpo, sin nadie que la mire, solo ante estos ejemplares que vieron la luz en un momento de la eternidad y se plasmaron en esta realidad en el día hoy, justo hoy, en este tiempo, en esta mente, en este pincel, tengo la sensación de una terrible desnudez al verlos, por eso tomo nuevamente la paleta y veo la alegría de los arboles cuando mezclo los verdes y ocres, estaban esperando la compañía de las hojas, excelsas columnas vestidas de esmeralda y carmesí, bañadas por las lagrimas de la tierra, el abrigo del frio y la nieve, la dama de los cuidados y señora del resguardo, tardo mi tiempo en cada detalle, cada hoja puesta va en el mismo lugar en donde aparecía en mi sueño, haciendo vestidos largos hasta el suelo, cubriendo la tierra como un manto de realeza, nuevamente me separo del lienzo para contemplar la obra, la luz que entraba por mi ventana ha desaparecido, ¿Cuánto tiempo pasó? ¿Cuánto me demoré en este éxtasis? Tengo que seguir, no puedo flaquear ahora, no tengo hambre ni sueño, solo ganas de ver la obra completa, el reposo de ver la obra terminada, cierro los ojos nuevamente y saboreo el final, la luz, creadora de vida, productora de la dualidad, entre lo claro y los oscuro, algo empieza a resplandecer cuando tomos los blancos y amarillos, el bosque está ansioso de recibir el toque final, el manto de oro sobre sus lomos, la alegría del día en su máxima exponencia, mis manos tiemblan, mi pulso se acelera, busco las entradas y los recovecos en donde se pueda filtrar el mínimo destello de pureza, siento que el cuadro se llena más y más de vida, como una música que llega a su clímax, algo que se repite y va en creciente, un sonido uniforme, todos tocan al unísono, sonido de tambores y trompetas, arpas y violines, nadie desentona, llega el final, todo se interrumpe en un silencio aturdidor, nos miramos y nos reímos, creador y creación, yo los entiendo, ellos me entienden, exhalo con júbilo, y comienza nuevamente la canción, la sintonía que trajeron a la vida todos mis oleos y pinceles.

El Granadero

El Granadero
     Mil nueve noventa, primer grado, obra de San Martín, audicióno, eso creo, ya no me acuerdo, pero si recuerdo que fui elegido para interpretar al gran prócer argentino, recuerdo el ensayo cruzando los Andes, recuerdo incluso al que hacía de Cabral el soldado heroico, y por sobre todo recuerdo que una semana antes le dicen a mi mamá (por el encriptadisimo cuaderno de comunicaciones) que no podía hacer de San Martín, pero que no me preocupe, iba a ser el nene con el micrófono en la mano . Cuando mi mamá me cuenta (porque aunque yo transportaba toda esa información conmigo no estaba autorizado a leerla) la decisión que tomaron, me sentí mal, recuerdo sentir la frustración de tener algo que me gustaba, en lo que me divertía, en lo que aparentemente era bueno (al menos para una obra escolar a los 6 años) y de repente PUFF! ADIOS!. Yo quería ser el protagonista, me lo había ganado, o lo que sea! no quería ser el nene que leía, quería ser el héroe patrio, el mítico personaje Argentino, pero ya no era posible. En fin, según me contó mi madre (fuente fidedigna e imparcial eh!) ninguno de mis compañeritos sabía leer de corrido, y yo…yo le leía la Biblia a mi Abuela todas las mañanas (ella con anteojos, yo con vista elfica, era lógico no?), no se vale! Yo no tengo la culpa que el resto no sepa leer, me quejaba, (y hacía un berrinche…caprichoso como hijo único ja!). Mi mamá, curiosa persona, empatizando con mi queja de una manera muy cristiana me dice, ”no vas a ser San Martín, pero vas a ser el granadero más lindo” dicho y hecho, para el día de acto escolar me alquiló un traje de granaderos que parecía hecho por todos los duendes de Santa en el Polo norte y traído exclusivamente para mí en el trineo mágico. (Recuerdo que era muy lindo che!). San Martin tenía una pechera de cartón pintado y un sombrero haciendo juego, y aunque me gustaba mucho más mi atuendo, en ese momento lo hubiese dado a cambio de esa pechera y ese sombre de cartón. Que va a entender uno a los 6 años sobre las necesidades institucionales? Porque a decir verdad, es lo que hice, tapé un agujero educacional, la escuela se atribuyó el nivel de lectura del nene para mostrárselo a los padres, directivos, maestros, miembros de la cooperadora y decir “ vieron que bien leen los nenes?” (Hipócritas). Que les iba a importar el sueño del nene de ser el héroe? Bueno, quizás sí, pero no tanto como para mostrarle una fantasía educativa al público. Mi abuela, su costumbre de leer, y hacerme leerle cuando se le cansaba la vista fue el motor de mi aprendizaje de lectura, y mi vieja la que siempre procuró darme todo para que lo que me toque hacer, lo haga con todo lo que se pueda. En granaderito lector hizo lo suyo bien, con un lindo disfraz, (ya en esa época me pedían fotos… ja!) mi madre se sintió orgullosa, y con eso es suficiente para un niño de 6.

 Hoy tengo la posibilidad de usar el micrófono, hoy me sigo sintiendo un privilegiado, hoy puedo comunicar a través de algo que se me dio así, desde chiquito, y tengo la gracia de poder actuar también (o no tan bien). Algún día voy a agarrar la pechera de cartón junto al sombrero y me voy a hacer una cruzada de los Andes en mi escoba/caballo blanco.
 

Camino



Camino

     La vida nos hace transitar por algún camino, seguirlo a veces es complicado, poner los pies en la senda siempre es peligroso, uno nunca sabe donde pueden estar las desventuras, detrás de un recodo, o debajo de un frondoso árbol, durante el día el sol nos va haciendo de guía, y en la noche son las estrellas las que nos orientan, pero a veces los astros permanecen ocultos, las nubes o las bóvedas, verdes y pardas, nos tapan la visión y quedamos en oscuridad y tinieblas, el entorno se vuelve lúgubre, súbitamente se escucha el serpenteo de un arroyo crepitante en un lecho pedregoso, si uno para la marcha se escucha el gorgoteo del agua lamiendo las rocas, la hierba de la orilla roza la superficie de la corriente dibujando en los oídos una cálida melodía, si uno para la marcha se puede sentir la frescura del agua en el aire impregnando la piel, quizás el camino nos lleve a una fuente, quizás esa fuente provenga de un pozo tan profundo que llega hasta el centro de la tierra, arduo es el camino, pero contemplar la fuente vale la pena, quizás una persona nos espere sentada sobre una piedra junto a la orilla, sosteniendo una rama de fresno en la mano, nos invita a tomarla y medir la profundidad de la fuente, el camino nos entumeció las piernas, pero son solo unos pasos más para llegar hasta aquella persona, nuestras manos toman la vara y la hundimos en la fuente, el agua es clara y pura ante nuestro ojos, el aroma es fresco cómo una mañana de primavera llena de flores, no vemos el fondo, pero ponemos todo nuestro empeño para llegar hasta ella, es imposible, por más que intente hundir la vara, mis manos y  brazos, no lo alcanzo, miro a esta persona con un poco de confusión, aturdido, sorprendido, me devuelve la mirada sin un dejo de sorpresa, un signo de compasión brota de sus labios, me invita a beber de la fuente haciendo un gesto con su mano, el agua es dulce en mis labios, me refresca y quita el cansancio de mis pies doloridos, estoy en casa nuevamente.

Preguntame que me gusta 2

¿Regresarías el tiempo para resolver algo que haya salido mal contigo o lo dejarías todo así, pues lo que ha pasado te hace ser quien eres?...