viernes, 26 de enero de 2018

Preguntame que me gusta 2

¿Regresarías el tiempo para resolver algo que haya salido mal contigo o lo dejarías todo así, pues lo que ha pasado te hace ser quien eres?

Una de las preguntas que hoy pica más en el paladar del ser humano! Regresar en el tiempo! Marty!! Marty!!! (lease a los gritos con voz del Doc de Volver al futuro)…viajar en el tiempo? Si!!!!! Claro que sí!! Incluso aunque no resuelva absolutamente nada de nada de nada, si tuviese la oportunidad viajaría en el tiempo de todas formas, aunque me gusta pensar que viajamos en el tiempo de alguna forma, surfeamos la ola del presente continuo, aunque saltar hacia atrás o hacia adelante sería maravilloso. Ahora bien si pudiera, pudiese, podría, cambiar algo (y solo porque la pregunta está dirigida a la presunción que soy un egoísta que solo pienso en solucionar mis problemas y no en las pobres ballenas…balleeeenas balleeeenaaaas) la respuesta es NOOOOP!!. Un compositor de música, primero sabe de música, y cuando la escribe (pone las notitas en el pentagrama), la termina, y se la da a los músicos para que la interpreten, eso ya está todo corregido (a diferencia de este escrito que no tiene corrección). Un pintor lo mismo, hay cosas que puede corregir antes, un escultor, Decían que Miguél Ángel se paró durante muchas horas por día, durante muchos meses, delante de una piedra de mármol, y cuando le preguntaban que estaba haciendo, él contestaba – Estoy trabajando, tiempo después… tararaaaan!!! El David!!!. (con su pitito y todo). Incluso esas obras, y todas las obras hechas, se corrompen con el tiempo, se desgastan, incluso las más cuidadas y preservadas por el hombre sufren esa suerte, como vamos a escapar nosotros de esa fortuna, que encima y todo, tenemos una finita capacidad de elegir? (albedrío, pero no libre albedrío). Es decir, creo que si pudiese viajar en el tiempo, y cambiar/me tampoco lo haría, sería como juzgar una obra de arte de la cual entiendo poco y nada, o hacer una valorización del artista, sin siquiera conocerlo. Pero muchas veces presumimos el saber como atributo para hacer un juicio de valor, por eso me llamo a la humildad, (aunque me cuesta), porque en verdad muchas historias interactuan junto a la mía (y junto a la tuya también), muchas otras notas musicales que el compositor ordenó, repasó, memorizó, practicó, ensayó, corrigió, antes de exponer su música a la cual llamamos vida. Por eso, cuando no estamos de acuerdo con el lugar en el que fuimos ubicado en el pentagrama, en nuestra “finita” capacidad de revelarnos, nos movemos y hacemos disonancia ante lo natural, pero anda saber si el artista no lo había pensado así de ante mano? 

jueves, 25 de enero de 2018

YA ESTÁ! Lo dije!

YA ESTÁ! Lo dije!
Hay muchas veces qué, por impulso, decimos palabras de más. Escribir te da la oportunidad de pensar una mejor estructura para compartir ese pensamiento, la regla es, tu intención al escribir no tiene que ser lastimar, ni ofender, sino más bien, ser “urticante”.
Desde hace tiempo tengo esto atragantado, y voy a intentar compartirlo de una manera urticante, si a alguno puede que no le guste, NO LO LEA!. La advertenia está hecha.
En las iglesias evangélicas (y hablo desde mi experiencia y conocimiento), no todas, y acá hago la excepción, incluso hasta tendría que decir cuales son, ya que si bien son muchas, los referentes conocidos son pocos, pero para resumir, dividamos entre históricas y carismáticas (las que se manejan muy similarmente a cómo se manejaría una empresa?). bueno, a las segunda me refiero. Estas tienen un modelo de gobierno (así se llama) piramidal, donde arriba se encuentra el Pastor, o así era en algún momento, pero cuando un pastor tenía varios pastores a su cargo, en algunos casos ascendia a apostol, que sería algo así como un rol superior, como super saiayin. Tanta la sobervia y la falta de cordura que el “titulo” de “apostol” (me encantan las comillas) quedó “chico” y crearon un nuevo “titulo” (redoble de tambor…trompetas…) ANGEL DE LA IGLESIA. En serio, existen (serían como los super saiayin nivel blue). Y este es mi conocimiento hasta el 2010 más o menos. O sea que hoy pueden haber nuevos “titulos” superiores, como “Arcangel” o la boca de Dios. (quizas no existes y yo estoy avivando peregiles)
Pero todos estos roles nuevos, absurdamente adjudicados, van a ser tratados en otro #yaestálodije. Vamos a enfocarnos en la estructura convencional, pastor para abajo le parece bien?.
Del pastor, depende de la rama que sea, desciende en escala el co-pastor, o los co-pastores (presbiteros sería más correcto, los que sirven), y de acá para abajo empezaron los nombres modernos. En una escala regular, (seguimos para abajo) estarían, o estaban, los supervisores (suena a turno at the office?) debajo, los líderes (acá se parece al marketing millenial), debajo de los lideres, los Timoteos (uso figurativo del personaje bíblico Timoteo, un discipulo del Apostol Pablo muy querido.), y por ultimo pero no menos importantes se encuentran los “discipulos”.
Hasta acá me siguieron? CONTINUAMOS!
LOS ROLES Y TITULOS ESTAN COMO EL CARAJO. EL QUE LOS PENSÓ Y LOS USÓ ENTIENDE DE MARKETING Y DE MANEJO DE PERSONAS, PERO NO ENTIENDE UN CUERNO NI DE ETIMOLOGÍA NI DEL VALOR DEL TITULO QUE QUIERE ADJUDICARSE EN SU PRECARIA MENTE. (ahh!! Ya está!! Lo dije!!!)
Si llegó a leer hasta acá, no me abandone ahora! Le voy a fundamentar el “por qué” pienso así.
Pastor hace referencia al antiquisimo (antes que el sedentarismo existiese) laburo del tipo que andaba con su rebaño, es decir, la concepción era mas o menos como, “el tipo que está con las ovejas” (que no es el tipo que hace cosas malas con los animalitos #conlosanimalitosnoeh!). en el “nuevo testamento” Este tipo Pablo adjudica nuevos roles, (y como era crack) los acomoda mejor (a una estructura de gobierno que, dicho sea de paso, la estaban inventando ahí, a como podían, con lo que tenían, porque Jisus no tuvo tiempo para explicar como tenía que ser el gobierno de “su” iglesia… EN SERIOOO!!! NO LO TUVOOOO!!!), entonces al rol de “pastor” hay que agregarle el de “instructor” o “maestro” (o sea que para ser un maestro hay que saber) estos dos, van de la mano, no se es uno sin lo otro, o sea para cuidar a las “ovejas” (jajajaja! Riase…usted no es oveja!) se es “pastor” y para “educarlas” se es “maestro”. Este “titulo” aparece en el “top” de la piramide. Pero el “rol” del mismo, lo ejercen todos los de abajo, y solo en raras ocaciones los que lo ostestan. Siendo “pastores”, más bien ejercen el personaje de “lider” (porque en verdad es el lider de esa congregación o comunidad de fe y no tanto el pastor) así que “titulos” y “roles” están como el ojete, alguien los puso de moda, y quedo.
Pero al que más me gustaría hacer referencia es al de “discipulo” DISCIPULOS DEBERIAN SER TODOS MOSSSSSTRO!!. De la bondad, el amor, la misericordia, la templanza… bueno…usted ya sabe. Se inventaron algo que cuadró muy bien en este tiempo, pero de nuevo la pifiaron (como se hizo todas las veces en la historia).
Porque no dice en ningún lado que Dios sea cristiano, pero si leí por ahí que es AMOR (y el amor es ciego.. dios es Steve wonder!). Nos vamos a ir de esta tierra, como se fueron antes los ominidos, y apenas vamos a saber y conocer un poquitititito más de la profundidad de todo este misterio.

Uffff!!!! Ya está, lo dije.

martes, 23 de enero de 2018

La túnica blanca

Un grito lo trajo de un tirón desde el fondo de sus pensamientos, sus músculos temblaban al igual que sus manos, se miró de arriba abajo buscando una oculta razón para calmarse, las sandalias le ajustaban los pies lastimados por el roce y el calor, las tiras de cuero pardo laceraban la piel de sus piernas a la altura de las pantorrillas, se agachó para acomodar su calzado tratando de desembarazarse de esa incómoda situación, las gotas de sudor recorrían su agrietado rostro cayendo una a una al polvoriento suelo, las observó mientras los rayos del sol desvanecían el rastro húmedo generando unos pequeños surcos a su alrededor, arqueó sus cejas, gesticuló en su boca un signo de resignación. A su alrededor, los gritos y los llantos se sucedían unos a otros estrepitosamente, los sollozos de las mujeres y niños  cantaban a coro una triste canción de lamento, mientras tanto, las injurias y burlas rivalizaban con la algarabía desafiante del acto patético y detestable. Confusión, confusión, y más confusión, el monte estaba repleto de ella este mediodía. El hombre tomo con la mano derecha el pomo de su espada, esta permanecía envainada en su funda labrada en fina plata, su intención no era sacarla de su cómodo refugio, sino más bien aferrarse a algo conocido y cercano. El acero de su armadura quemaba su torso, poco efecto tenía la capa de terciopelo color carmesí para amainar este suplicio, sus años de adiestramiento lo habían preparado para situaciones como estas, y no era la primera vez que presidía este tipo de actos, pero algo distinto ocurría en esta ocasión, todo lo que en otrora hubiera disfrutado le era molesto ahora, se sentía absorto y furioso ante tal espectáculo, pero su deber estaba primero, intentó serenarse, llenó sus pulmones de ese espeso aire que les había acompañado toda la mañana, tomó  su yelmo de cimera alta como ambas manos, y se dispuso a caminar hacia la ladera oeste del monte en el que se encontraba, ahí el tumulto era menor, el griterío era un sonido sórdido y lejano, pesadas vigas de madera vacilaban desordenadas en el piso o apoyadas en una roca, pasó entre ellas cavilando en la escena que había dejado atrás, volteó nuevamente, recorrió aquel cuadro con su mirada, tragó saliva, o al menos eso fue lo que intentó, continuó caminando unos paso más hasta llegar a un encino bajo y de ramas secas que se encontraba al costado de una piedra redondeada en sus costados, sin embargo, la superficie de esta roca era plana como si algún artífice se hubiera tomado el trabajo de moldearla y acomodarla cómo si fuera una mesa, apoyado en el tronco del encino se encontraba un cántaro con agua, observó la superficie cristalina, se observó mirándose el rostro, sus ojos estaban tristes, su semblante estaba demudado, metió las manos dentro de la vasija, tomó un poco de agua, y se refrescó la nuca con ella, era un bálsamo que no había probado en todo ese día, escuchó pasos detrás suyo, volteo sobre sus hombros y vio a dos de sus subordinados apoyando unos clavos grandes junto a una martillo de albañil encima de la roca, estaban discutiendo por algo que uno tenía en la mano, mientras tanto, él se sentaba en el suelo bajo el encino, divisó entonces que era lo que los tenía tan rabiosos, una túnica blanca, hecha de una sola pieza, estaba hecha girones en algunas puntas, y manchas de sangre salpicaban la totalidad de la prenda, se encontró pensando en aquel que la había usado anteriormente, recordaba nítidamente haberlo visto aquella mañana primaveral tiempo atrás, no en la ciudad de la que habían salido ese mismo día, sino más al norte, en un pueblo pequeño, aquella vez le llamó la atención ver jugar a un adulto con un niño pequeño, y se acercó hasta donde ellos estaban, se acomodó cómo un espectador en una esquina cercana, pero oculto para que no lo vieran, sin darse cuenta soltó una risa al escuchar una broma que hacía el hombre mientras estaba en el piso, el sonido de su carcajada atrajo la mirada de los que ahí jugaban, el niño salió corriendo en sentido contrario al que él se encontraba, pero el hombre se quedó ahí, en el piso, mirando, escudriñando, sus ojos grises eran profundos y llenos de bondad, se levantó y se dirigió hasta él con un paso delicado pero rítmico, su mano se dirigió instintivamente hacia su espada, pero el hombre le hizo un seña que eso no era necesario, le sonrió, tocó la hombrera de su armadura, y se condujo ciudad abajo, parado como estaba el soldado, recordó seguirlo con su mirada, perdido en aquella túnica blanca, volvió sus pensamientos a esa mañana, aquel hombre que había visto jugando tiempo atrás, se encontraba en la ciudad, desfigurado, sangraba por varias heridas provocadas recientemente, le reconoció por la túnica que ahora se disputaban en esa mesa, había intentado sostener la mirada en su rostro pero no pudo, esos ojos grises habían perdido su color, pero mantenían la misma profundidad sin importar el lugar en donde se posaran, se sentía sucio y asqueado al tener que llevarle cómo un reo entre tanta gente, incluso tuvo que aguantar dos o tres veces las ganas de vomitar, en cuanto hubieron salido de la ciudad, trato de guardar distancia adelantándose unos pasos, tomar aire y ahogar sus lagrimas antes que le viera alguien, otro grito le volvió a traer a la realidad, se percató entonces que uno de los dos soldados que habían estado jugando por la túnica había resultado el ganador, la prenda permanecía en un costado de la improvisada mesa, cerca, se encontraban unas piedras marcadas con runas, el ropaje tenía nuevo dueño. ¿Cuánto tiempo había pasado desde que se había sentado bajo el encino?, ¿Cuánto tiempo estuvieron jugando los soldados por la prenda de color blanco?, cuánto tiempo esperando impaciente el final de su servicio, repentinamente el cielo se tornó negro, las nubes no asomaban, así que le resultó extraño, la tierra comenzó a temblar bajo sus pies, se levantó súbitamente y corrió, corrió con desesperación hacía la multitud, se abrió paso empujando y dando órdenes, tratando de llegar a su objetivo, la gente comenzó a apartarse, daban saltos ladera abajo, gemían entre sollozos pidiendo socorro con sus manos y brazos en alto, solo algunos se quedaron a ver la escena, el silencio y la duda se pusieron delante de todos, les miraban y reían por lo bajo, los demás permanecían quietos como estatuas, hechizados por los conjuros de estos dos personajes, contemplaban con ojos vidriosos a aquel hombre despojado y clavado en un madero, el fuego de la esperanza se apagó, como se apagaba también su vida. Pasmado y nuevamente aferrado al pomo de su espada, observaba atónito lo que había sucedido, se acercó a dos personas desconsoladas que lloraban en silencio delante suyo, una mujer y un joven muchacho, tomó coraje, aquel del que tanto había hecho alarde en numerosas ocasiones, y como hubiesen hecho con él tiempo atrás, apoyó sus dos manos en los hombros de ambos dos, instantáneamente ellos levantaron sus cabezas y fijaron sus ojos en los de él, le arrojaron una mirada suplicante, pero sin miedo, les dirigió unas palabras, las dijo en un tono bajo pero con sincera veracidad, el fuego se encendió nuevamente en sus corazones, aunque era débil y su luz todavía no se notaba, el soldado dio media vuelta sobre sus talones, su rostro volvía a estar tranquilo, se había librado de una carga, y cuando el libro parecía llegar a su fin, la vuelta de página trajo un nuevo comienzo.

lunes, 22 de enero de 2018

De esas cosas que te pasan...

11 PM, una guitarra alegre apaga sus últimos acordes, los sonidos de la tumbadora repiquetean
como la lluvia de tormenta, after climax, aparecen los aplausos perdidos de algunos huéspedes
dispersos, de esos que llegaron tarde, de un viaje largo, aquellos que están guardando fuerzas
para salir en otra noche, aquellos que decidieron pasar una noche diferente en Cancún. En medio
de chistes, elogios y brindis por nuestros países de origen, las conversaciones no se hacen esperar,
el hielo ya está roto, somos viajeros compartiendo historias, recuerdos.
- Oye tío!- Se escucha del otro lado de la mesa, cerca de la antigua barra, con un acento
Catalán efervescente. -  Cuando tenía 14 años, jugué al futbol con Messi.- sonaron algunas risas, más chistes, pero
algunos oídos permanecieron atentos.
A mí personalmente me llamo la atención, y decidí prestarle mi oído para escuchar su historia.
Resulta que este chaval, es de la misma categoría que Lionel Messi, Gerard Piqué, y Cesc Fábregas,
los cuales jugaron juntos desde la prepa en el FC Barcelona. Y sin saber cómo llamarlo, si
casualidad o causalidad, su colegio, su año, su equipo, tuvo que competir contra estas promesas
de ayer, cracs de futbol mundial hoy. 
Mientras recordaba aquellos días se podía ver en sus ojos los relámpagos de alegría que lo
iluminaban desde adentro, evocando los momentos culminantes del partido, haciendo fintas en el
aire con un balón invisible. De repente nos cuenta. – cambio! El arma secreta del Barcelona entra
en escena, una pulga, no luce como de su edad, y el jugando de su posición de central, incluso
alegando a los gritos.- Pues encima a los 14 era más alto que piqué eh tío!.
Más allá de haber perdido ese partido, quizás de haber albergado cierta amargura durante los días
suficientes, tiempo después ese partido comienza a tomar parte importante de su vida, tan
importante que, una década después, sigue sacando brillo.
Historias que brillan, que iluminan, que decoran las mágicas noches del Caribe mexicano, que
contagian, crecen y se desarrollan en otros.
Para terminar, sacó la foto de los archivos guardados de su celular, una formación combinada
entre los dos equipos, un adolescente alto al lado de otro casi tan alto como el, pecheando,
imponiéndose a la figura de un inconfundible Piqué, y del otro lado de la imagen, un personaje
diminuto, arrodillado mirando a cámara, quien hubiese sabido de él en ese momento?
Una noche en el Quetzal.

domingo, 21 de enero de 2018

Preguntame que me gusta!

Preguntas

Hace poco tiempo, conversando con un amigo, le pedí a modo de juego que me formule 3 preguntas, personales, profesionales, de mentira verdad.!Las que quieras!- Le contesté.
La primera pregunta jugó en mi mente un tiempo, y lo sigue haciendo, como si la respuesta estuviese presente, y se diluye, y se concentra, y se vuelve a esfumar, y aparece con más contundencia, y cambia, cambia, cambia.
¿Crees que como humanidad, tenemos salvación, o estamos condenados?
Creer, Humanidad, salvación y condena. Cuatro palabras unidas en una oración que a la luz de la historia deberían tener tantos significados e interpretaciones, tan distintas cómo variadas, tanto serias cómo graciosas, y la seguirán teniendo mientras alguien (o algo) siga pensando. Lo bueno es que mi amigo recortó los parametros de la pregunta cuando, sin que yo se lo pida, fundamentó con una comparación el CORAZÓN de su cuestión (or question mono). En sus textuales palabras escibiose; “Tenemos salvación, o estamos condenados, como una especie de castigo disfrazado de vida… donde puedes hacer lo que quieras, pero a la vez no, porque no estás solo en este mundo y tienes que vivir en sociedad” (NOTA: Mi amigo es de Mexico por eso “tienes y puedes” y no “tenés y podés” tan argento..incluso hasta se puede leér con acento) (NOTA 2: No seas boludo y no intentes el acento en voz alta si no te sale).
En su premisa late ansiosa la manifestación de una carga, castigo, condena en el ya y ahora, en el ya y ahora constante de lo que sé, y voy siendo consiente, y lo resume sintetizando, horas y horas, y días, y años, de ver, observar, conocer, y de repente VIVIR (todo eso mientras tanto eh!) está lleno de tristezas (y alguien me diga que no son más que los momentos de felicidad), de dolor, de sufrimiento, de pena, de maldad al que está expuesto, casí todo el tiempo. Y acá el sacudón de hombros y saliva escupida (en un La Mayor) es; “la vamos a seguir cagando?” o podemos cambiar?.
“Una semilla muere, y da vida a una planta” (una de chile habanero). Una oruga caput… “oila papillion” (mariposa), algo muere, para que otra cosa cobre vida. Que tal si ese algo que murió fue la nada? La nada muere, nace el TODO, la VIDA per sé (en si misma). Cuando lo hizo? Hace mucho mucho mucho, podemos o podríamos llegar a ver y saber del principio de eso, pero nunca vamos a poder traspasar esa barrera, y si lo hacemos, ya no habría información de lo que pueda pasar (NOTA: eso no sería más propicio para hacerse llamar “infierno”?).
La vida es coherente, y conciente, evoluciona, se transforma, se renueva y TODO lo hace mediante el CONFLICTO. (NOTA: sobre conflictos lean conflictos en el blogg).
¿La humanidad tiene salvación? ¿humanidad? Homo sapiens Sapiens?.
Si creemos que nosotros fuimos la salvación de los Homo Sapiens y el Homo Sapiens del Neardenthal, y ese mismo del Homo Erectus (NOTA: erectus…jajajaja!!) y como siga la cadena, entonces sí, podemos ser salvos en ese sentido, ahora bien, (y sigo en este planeta tierra). Es decir, desapareceriamos y apareceria una especie más evolucionada. (NOTA:  estos siempre y cuando no nos matamos todos antes, claro está). ¿Si lo vamos a llegar a ver en nuestra generación? Pfffff!!!! (NOTA: ¡no manches!)
Una nota musical en una gran y larga canción, no podemos ni imaginar en que lugar del pentagrama cósmico estamos. (NOTA: pará pentagrama cósmico?? Pfff!!).
Por el momento digamos esto, CREER, los griegos usaban la palabra pistis, que filosoficamente traducido sería algo así como confiar en algo, y serle fiel a eso en lo que confio. (NOTA: preguntenle a google).
Así que amigo, (NOTA: y lectores) creo, que como respuesta tu pregunta, que deberíamos ser fieles y coherentes con la vida, abrazar lo que nos tocó vivir como lo único que podemos hacer, morir, morir morir y seguir muriendo todos los días un poco porque así es, para que después haya mejor calidad de vida, así que SÍ SÍ…estamos condenados, pero no castigados.

Será que el castigo de la vida es la ausencia del conocimiento del proposito, de la misma vida, y de la que nos toca formar parte?

viernes, 19 de enero de 2018

CONFLICTOS

CONFLICTOS
Si hay una palabra que lo puede resumir casi todo en la vida es una de las que más nos genera pavor, CONFLICTO.

El conflicto aparece en nosotros los seres humanos, desde la carrera que hicimos cada uno de nosotros desde los huevitos, hasta llegar al ovulo, aunque suene ridículo, millones de otros espermatozoides salidos de “justo ahí” del progenitor, pelearon, entraron en conflicto conmigo, pero  incluso, aún siendo inconciente, yo soy el único de esa camada que logro tener la habilidad de permanecer vivo.
Pero no quiero perder el tema ni el hilo de lo que estoy hilvanando (dejemos de hablar de huevitos y viajes raros), acá el conflicto es el conflicto. ¿Por qué si no, tantas veces huimos de él? ¿Por qué si no, en tantas oportunidades decidimos resolverlos? El conflicto nace con el tiempo, y como tal lo acompaña de la mano en todo lo que el tiempo hace, porque cuando se resuelve, se genera otro, y así sucesivamente. Constante, presente, latente y activo, de este no se escapa definitivamente, si no que muta, se transforma para dar paso, así como pasa con el tiempo. Volutivo, esporádico, circunstancial, destinado, perpetuo, asignado por otros, o por otras cosas, en debate continuo, consiente o inconsciente, entre cuerpos pensantes, entre cuerpos instintivos, entre cuerpos inertes y en todas sus mixturas.
Conflictos en la mañana, resueltos al mirar el cielo, al mirar el espejo, conflictos con el otro por no poder entenderlo, conflictos con uno mismo por no saber conocernos, conflictos con el ambiente, por no saber adaptarnos, conflictos con la historia por no haberla vivido, conflictos que conflictos. 

La noche de la tragedia



     Las hojas del frondoso fresno de las festividades se encontraban teñidas de un color amarillo y anaranjado, el otoño se abre paso lentamente pensó para sus adentros, mientras miraba las últimas hormigas apurarse en sus quehaceres de recolección del alimento. Una pequeña rama revoloteaba en su mano mientras la acercaba muy despacio al lomo de una de las hormigas obreras que sostenía un pedazo de hoja, trataba de encaminarla nuevamente ya que se encontraba un poco perdida, mientras le daba animo a la criatura para que llegase junto a sus hermanas, un llamado se oyó cerca, arriba en la loma, <<¡Aumund! ¿Estás ahí?>> la voz de la madre de Aumund resonó por todo el bosquecillo, el se levantó saludando a las hormigas inclinándose hasta que su cabeza tocó el suelo diciendo: <<Hasta la vista mis amigas, nos encontraremos el próximo año una vez que termine el invierno>>  soltó la rama que tenía en su mano y se dispuso a correr loma arriba en dirección de su madre, cuando llego a la cresta, ella le estaba esperando con sus brazos cruzados y el ceño fruncido, él se quedó mirando el suelo con sus manos detrás de su espalda mientras jugaba tímidamente con la punta de uno de sus pies. <¿Cuántas veces te he dicho que no quiero que juegues a esta hora afuera de la ciudadela?> dijo su madre enfadada, –¡mamá! –respondió él con una voz caprichosa, –Aumund, estas tierras son peligrosas para un niño que anda solo en medio de la florestas.
-          Lo sé, pero…
-          ¡pero nada! –debemos volver a casa antes que obscurezca –miró en dirección al cielo mientras pronunciaba estas palabras, y continuo diciendo, <no me gustan nada esas nubes>
-          Volvamos rápido, ¿Quieres?
-          Quiero, pero… pero –hizo silencio –la miró riendo y le dijo:
-             ¿Una carrera hasta el puente? ¿O estás demasiado anciana como para ganarle a un niño que no pasa de las doce primaveras? –la madre rió, le pellizcó las mejillas y le mordió el cuello, el se hizo un ovillo, las cosquillas le tendieron en el suelo, en ese momento, ella aprovechó la distracción de su hijo para levantarse la falda hasta las rodillas y salir corriendo en dirección al puente. <!mamá eres una tramposa!> gritó Aumund mientras corría tras los pasos de su madre.
Al llegar a la aldea, Hedeby, su hermano mayor, vacilaba junto a otros muchachos, hablando de las guerras y de lo que él podría hacer frente a un gran guerrero si se presentase la ocasión, <primero> decía él con aires de grandeza y haciendo la pantomima como si se tratara de una batalla, <le cortaría el brazo con mi espada, y luego cuando esté tendido en el piso, llorando y sangrando, ¡zas! le arrancaría la lengua con mi cuchillo> jadeaba con los ojos desorbitados, mientras el resto de sus amigos le miraban risueños, sintió un resoplido en la nuca cómo si se tratara de un toro embravecido, se percató que las carcajadas habían cesado, tragó saliva y sin darse la vuelta dijo: <¿Mamá?> otro resoplido le devolvió la respuesta, se volteó sobre sus talones para encontrarse cara a cara con su madre. –primero deberías tener una espada –le dijo ella en un tono áspero, –Además, si tuvieras que enfrentarte a algún buen guerrero, es posible que te escapes cómo lo haces de tus tareas – acentuó estas últimas palabras con un grito, generando una nueva oleada de carcajadas de sus amigos, –¿!Y ustedes de que se ríen!? –les dijo al grupo ahí reunido, –  ¿No tienen cosas más importantes que hacer que estar de vagos aquí en la puerta? – uno de los que ahí se encontraban, se aclaró la voz y le contestó:
        Señora, es que no estamos de vagos, mi padre nos pidió que hiciésemos guardia aquí en la puerta, y contar la cantidad de forasteros que hayan entrado hasta que estas se cierren.
        ¿Cómo es eso hijo, cuéntame? Le preguntó mientras abrazaba a Aumund con ambas manos ubicándolo por delante.
        Mi padre nos pidió esto ya que se ha enterado por Lindholm el posadero, que muchos árabes habían pedido albergue durante las últimas dos semanas, mi padre cree que esto es algo sospechoso –se acercó a ella y le habló en voz baja: él cree que pronto recibiremos un ataque de los sarracenos –miró al resto de sus amigos buscando su aprobación, Hedeby saltó delante de su madre gritando: ¡Yo los defenderé a cualquier precio! Soltó un gruñido cómo si fuera un perro, la baba caía de los costados de sus labios, queriendo parecer intimidante, parecía más bien una escena muy cómica, todos juntos le señalaban se reían y se codeaban, todos menos Aumund, al cual la noticia le había traído un escalofrió desde los pies hasta la cabeza.
Aquella noche transcurrió lentamente, las nubes cerraban el cielo sin dejar pasar la luz de la luna, las estrellas permanecían ocultas, cómo si un velo negro se hubiera tragado el firmamento, una fina niebla cubría los techos de las casas, las calles permanecían lúgubres y espectrales, el silencio en la ciudad era sepulcral, solo se escuchaba el rugido del viento filtrándose por las ventanas. Aumund temblaba en su lecho, no había logrado conciliar el sueño desde que se había acostado, las imágenes de una hueste de sarracenos  con arietes y antorchas tratando de entrar a la ciudad lo mantenían en vilo, intranquilo, dando vueltas de un lado a otro. Abrió los ojos y se quedó mirando el techo fabricado de madera y tepe, a un costado aparecía una claraboya cubierta de  paja, un fino humo ascendía hasta ella mezclándose con la neblina del exterior, el hogar alumbraba con una luz tenue la casa y el sonido crepitante del fuego le devolvía poco a poco la tranquilidad, <todo está bien> se dijo, mientras ponía los pies en el suelo, levantó su vista y se dio cuenta que no era el único en la casa que se mantenía despierto, su madre estaba sentada a la mesa, sorbiendo lentamente una taza de leche caliente, se acercó hacia ella con cuidado para no despertar a su padre y a su hermano, la abrazó, ella le devolvió el abrazo diciendo –¿Qué haces despierto a estas horas de la noche?
        No puedo dormir, tengo miedo –le contestó en voz baja –¿Qué pasará si los sarracenos entran en la ciudadela madre? –Ella le hizo seña para que se sentase en su falda, con un suspiro le dijo: <tendremos que huir> –Pero no te preocupes hijo mío, no creo que se aventuren hasta aquí, el posadero y el padre de Lothlar son alborotadores, así asustan a los muchachos para tenerlos comiendo de sus manos y poder encargarles cosas que ellos mismos no quieren hacer. –¿tú y papá nos protegerían si algo pasara? –esa pregunta le saco una lagrima a su madre, –sí hijo, aunque tengamos que dar nuestra vida a cambio de la de ustedes dos, ahora, vuelve a la cama antes que te desveles, mañana iremos a la ciudad de Danervike a visitar a tu tía Mälaren, así que tienes que estar presto al amanecer, el viaje es arduo, y tienes que descansar. –lo levantó en sus brazos y lo llevó nuevamente a su lecho, lo acobijó y le dijo: <Toma> y le dio un broche labrado en plata con una figura de caballo con cola de serpiente en el medio, –¿Qué es esto madre?
        Este broche pertenecía a tu abuelo, él se lo obsequió a mi madre, ella hizo lo mismo conmigo, y yo ahora te lo entrego a ti.
        ¡Gracias madre! –se quedó contemplando la figura en el centro, ella se dio cuenta y le dijo: <llévalo contigo, te protegerá en los momentos difíciles y te traerá suerte, cuando seas mayor, entrégaselo a la mujer con la que quieras casarte, y ella siempre estará a tu lado, así como yo también lo estaré hijo mío> le dio un beso en la frente y se dirigió nuevamente a la mesa. Aumund apretaba fuertemente el broche en sus manos repitiendo en un murmullo, <el broche me protegerá> hasta quedarse completamente dormido.
El sonido de un cuerno lo despertó abruptamente, su madre corría de un lado al otro de la casa metiendo cosas dentro de una bolsa de cuero, su padre y su hermano se estaban ataviando con pieles encima de los hombros, dos yelmos cónicos cubrían sus cabezas, unos escudos de roble pendían de sus brazos, Hedeby tenía un azadón de hierro en su mano derecha, mientras su padre, un hombre robusto y entrado en años, sostenía una espada de dos filos, su madre llamó su atención, <ven aquí> le dijo, –ten, toma esto, y le puso la bolsa con víveres en uno de sus hombros, tienes que ir a lo de tu tía Mälaren tu solo hijo, yo me retrasaré un tiempo y luego iré detrás de ti, pero tu estarás bien.
–¿Tienes el broche de tu abuelo contigo? – se tocó el bolsillo que tenía en su camisa, estaba ahí, <corre hacia la muralla del este hijo mío, no dejes que nadie te vea, cuando salgas de la ciudad dirígete hasta el fresno y espérame oculto que yo iré por ti> –¡No! –respondió él, –¡no me iré, ni los dejaré a ti, ni a padre, ni a Hedeby! –¡es una orden! –dijo el padre en un tono imperante que no daba lugar a replica alguna, salió por la puerta gritándole a Hedeby que se apurara, él se detuvo un momento delante de su madre y la abrazó, ella le acomodó sus ropajes con el rostro lleno de lagrimas y lo empujó para que se retirase, él se frenó un instante delante de su hermano que se encontraba entre dormido y atónito y le dijo: <descuida, yo pelearé por ambos, mataré uno o dos en nombre tuyo> lo despeinó y salió corriendo y gritando por la puerta detrás de los pasos de su padre.
    Los ruidos de cuernos y el clamor de la batalla recrudecían minuto a minuto, su madre lo tomó por el brazo, –¡Hey! Tu, apúrate, ¡vamos! –Insistió su madre para que dejara la casa, sus ojos estaban vidriosos, y sus manos temblaban mientras lo conducía hacia la puerta, le besó la frente y le dio un abrazo tal largo y tan fuerte que le quitó el aire de los pulmones, <!ve, corre!, yo iré en cuanto pueda> lo empujó hasta afuera y le cerró la puerta en la cara sin dejarle decir palabra alguna, el se quedó parado ahí unos instantes, sin saber qué hacer, de pronto un estruendo lo trajo nuevamente a la realidad, comenzó a correr entre las casas, algunos techos comenzaban a prenderse fuego por las flechas incendiarias, las mujeres iban de un lado al otro con cantaros intentando apagar los focos en donde el fuego hacía mella, sin detenerse, salto la cerca de una casa en donde se encontraban algunos animales asustados en un rincón, un bulto aparecía detrás de los fardos, se acercó para verlo más de cerca, soltó un suspiro al ver que era un hombre, estaba sucio con barro, encima de un húmedo charco de sangre, intentó ponerlo boca arriba, pero desistió al ver un puñal clavado en uno de sus costados, de ahí manaba toda la sangre que se encontraba alrededor, se arrodilló a la altura de su rostro tratando de reconocer a la persona que allí yacía, <!Es el posadero Lindholm!> exclamó en voz alta, un ruido de pisadas se empezó a sentir detrás suyo, se dio vuelta para ver qué o quién era el que se estaba acercando, de repente sintió una mano pesada sobre su hombro que le aferraba fuertemente de la camisa, intentó soltarse, pero no había caso, el hombre tenía más fuerza que él, lo tiró al suelo al lado del Lindholm, y como un lobo tras su presa, se abalanzó sobre él, antes de darse cuenta de lo que estaba haciendo el niño, se le tiró encima para quedar inmovilizado de un segundo al otro, Aumund había tomado la daga que se encontraba en el costado del posadero, y la había apuntado hacia arriba justo antes que el hombre cayera encima suyo, le había quitado la vida. Comenzó a hacer fuerza para zafar de aquel cuerpo muerto, tardó unos segundos, el hombre rodó hasta quedar boca arriba, lo miró absorto, <!Un sarraceno, ya están dentro de las murallas!>  sin entender muy bien que había pasado, agitó su cabeza bruscamente, fue recién ahí donde vio la daga hundida firmemente en el vientre de aquel pagano,  la tomó con ambas manos, y prosiguió con su escape. Agitado y bañado en sangre llegó hasta la muralla del este, ahí la batalla era escasa, ya que el muro daba a un fino sendero que se usaban para pacer a las cabras, y luego un peñasco con varios cientos de metros de profundidad, lo que dificultaba enormemente el ataque por ese flanco. Trató de ubicar el pórtico por donde salían los animales, miró a un lado, luego al otro, a lo lejos corrían algunas mujeres con trapos húmedos y vasijas llenas de agua, pero nadie se encontraba tan cerca cómo para detenerlo, llenó sus pulmones con aire, y corrió a toda velocidad hasta llegar a la puerta de madera, jaló la argolla de hierro hacia adentro con todas sus fuerzas y logró moverla unos centímetros, pasó una mano al otro lado, e intentó jalarla nuevamente, ahora sí, el portón se abrió lo suficiente como para que él pudiese pasar por el hueco. Una vez fuera de la ciudad, tardó un par de minutos para orientarse, los utilizo para aclarar su mente, relajar sus músculos y llenar sus pulmones de aire. Algunas gotas empezaron a caer desde el cielo, y apagaron un poco los ruidos que provenían detrás de los muros, los fuegos ya se extendían por encima de las casas hasta casi llegar a la mitad de la ciudad, la lluvia traía algo de alivio, pero una voz en su interior le decía que ya todo estaba perdido. Un sendero bajaba por la ladera hasta llegar al valle, comenzó el descenso lentamente, tratando de colocar sus pies en suelo firme uno a uno, la luz menguaba metro a metro mientras bajaba, trastabilló una o dos veces antes de llegar al fondo. Sin saber a dónde ir, comenzó a correr estrepitosamente, movido por el dolor y la locura, por momentos pensaba en su padre y hermano batallando en la ciudad, y una súbita llama se le inflamaba en el corazón, sus pies se detenían, y retrocedía unos pasos, enseguida resonaban en su mente las palabras de su madre <dirígete hasta el fresno, yo me encontraré ahí contigo> reanudaba la marcha con la esperanza de volver a ver a su madre. Después de dar vuelta en un recodo, se encontró observando el terreno, este le era familiar, en su locura corrió hacia el sur, justo a donde debía dirigirse, <el fresno está abajo en esa loma, ya estoy cerca> se dijo. Comenzó el descenso corriendo por la fina hierba hasta llegar al fresno, apoyó su espalda en el tronco del árbol y comenzó a exhalar grandes bocanadas de aire, el viento traía en sus brazos los fatuos ruidos de la batalla, se incorporó con miedo al ver un rayo caer, por unos instantes todo se tornó luminoso, cómo si el día hubiera decidido aparecer unos segundos. Trató de ocultarse cerca, pero no había ningún lugar que le ofreciera cobijo ante ojos mal habidos, ni un techo que le proveyese reparo de la torrencial lluvia, así que decidió trepar el árbol, subió una rama, luego otra, hasta llegar arriba de todo, las hojas lo cubrían parciamente, pero era lo mejor que podía hacer, se acomodó como pudo y espero por su madre. Los minutos pasaron lentamente, sus ojos empezaban a cerrarse, los parpados se volvieron pesados, y sin darse cuenta se sumió en otro sueño profundo e intranquilo.

     El ruido de cascos de caballo lo despertó de un sobresalto, sin darse cuenta la daga se le desprendió y cayó al suelo luego de chocar contra varias ramas, el sonido se escuchaba cada vez más cerca, su corazón chocaba contra su pecho aceleradamente, <!calma, calma¡> el mundo se paralizó alrededor suyo, de repente, una voz con acento desconocido sonó debajo de la copa <!yala yala!> se tapó la boca con ambas manos para no emitir sonido alguno, miró para abajo, un hombre corpulento de rostro cetrino posaba su mirada en él, estaba perdido, sin embargo se negó a descender, el hombre llamó a otros dos que se encontraban cerca, y con las hachas preparadas, a la orden del primer hombre empezaros a talar el árbol descargando golpe tras golpe en el mismo lugar, luego de unos minutos, el fresno comenzó a tambalearse, sin pensarlo mucho, comenzó a bajar lentamente, los golpes del hacha frenaron, Aumund pegó un salto y cayó al lado del puñal, los hombres reían al ver al niño con aires desafiante blandiendo el arma de hoja corta, se puso espaldas al árbol para que nadie lo agarre por la espalda, moriría aquí si era necesario, pero lucharía con todas sus fuerzas haciendo pagar cara su vida. <¡Aumund!> se escuchó el llamado de una mujer que forcejeaba inútilmente para librarse de las cuerdas de sus manos y pies, <¡Aumund!> replicó la mujer, el hombre que se encontraba parado en frente del niño torció la boca mostrando una mueca de siniestro agrado ante ese descubrimiento, mandó a uno de sus hombres que desate a la mujer y la traiga hasta donde él estaba, la mujer se retorcía salvajemente tratando de librarse de su captor, Aumund miró horrorizado como aquel hombre arrastraba a su madre tomándola de los pelos, la arrojaron delante suyo, la patearon y la escupieron, ella levantó su rostro y le llamó <¡Aumund!> antes de poder pronunciar otra palabra, una espada curva la atravesó desde la espalda hasta su pecho, soltó un alarido de terror, y su vida se apagó para siempre, Aumund arrojó el puñal y corrió hasta el cuerpo sin vida de su madre, llorando y gimiendo, golpeaba a su madre en el pecho, entre sus lamentos se escucho decir con voz apagada <¡Lo prometiste, lo prometiste!>.

Deudas pagas

Deudas pagas

Las casas hacían sombras sobre la plaza, dejando que algunos destellos de luz se filtraran entre los espacios de las estructuras, el efecto del sol todavía no se evidenciaba,  el frio de la mañana seguía presente y luchaba ferozmente minuto a minuto para no ser desterrado de este mundo. El majestuoso templo, reposaba en frente de la plaza, como era costumbre en la época, sus altas puertas de cedro labrado estaban abiertas dejando ver algunas telas de color purpura flotando de una lado al otro  cómo si una mano invisible las agitara uniformemente, un sonido solemne se escuchaba por lo bajo, las oraciones matutinas eran recitadas por los que estaban reunidos adentro. Drásticamente hubo un cambio en la atmosfera, las voces se apagaron, afuera se oyeron los fatuos ruidos de una multitud revoltosa, como si se tratara de un enjambre de abejas que salen de un panal que fue atacado, se podían oír las injurias sucediéndose una tras otra, los brazos se extendían al cielo, algunos puños permanecían cerrados con tanta fuerza que los nudillos habían tomado un color pálido, otros amenazaban con grandes piedras. mientras se iban acercando se podía ver la sed de sangre fluyendo de sus ojos, las venas de sus cuellos estaban inflamadas al igual que sus espíritus, el canto de sus respiraciones era similar a un acantilado en el cual rompen las olas del furioso mar en un día de tempestad, e igual de incontrolable era el temperamento de estos agitados personajes. Atónitos permanecían los que estaban dentro, se quedaron sentados y con sus ojos cerrados, solo uno se acercó a la puerta, permaneció inmutable ante tal espectáculo, se encontraba de pie apoyado en el marco, su  túnica blanca cubierta por un manto celeste flotaban hacia su izquierda ante la brisa matutina, a diferencia del resto de la turba que se aproximaba, sus ojos no estaban inyectados en sangre, sino más bien se encontraban fijos mostrando cierto aire de temple ante lo que estaba viendo, las muecas en su rostro eran las de quien ve la lluvia venir y sabe que no llega a tiempo a ponerse bajo el resguardo de un techo, esperando inevitablemente resultar empapado, sin embargo no era la resignación ni la curiosidad lo que le dominaban, sino más bien era la docilidad de quien sabe la respuesta a la pregunta que todavía no se le hizo. La turba empezaba a cruzar el pozo que se encontraba en el medio de la plaza, mientras el varón de túnica blanca, se había puesto en camino tranquilamente esquivando los cantaros hasta llegar a la pequeña estructura , se reclinó un poco para ver dentro, el abismo era negro como la noche dentro de un bosque espeso, sintió la humedad que emanaba desde el fondo llenando de ella sus pulmones, se apoyó con ambas manos en la rustica piedra mientras levantaba la cabeza ante el llamado de uno de los alborotadores que se había acercado, se reclinó de espalda en una de sus paredes y se deslizó hacia abajo hasta quedar de cuclillas, sus cabellos cubrían los costados de su rostro mientras fijaba la mirada en una hilera de hormigas que transitaban ordenadamente por un sendero que ellas habían construido, por un momento les sonrió y se imaginó jugando con ellas, otra vez el llamado increpante del alborotador lo sustrajo de sus pensamientos, sus ojos hicieron un recorrido sobre la escena, ya todos estaban en sus puestos, se escuchaban las respiraciones agitadas de quienes hasta hace un momento habían estado gritando y maldiciendo, sus manos seguían esgrimiendo las rocas que habían traído, todas las miradas estaban fijas en el varón de túnica blanca, le escudriñaban el rostro esperando su consentimiento para así acometer su ajusticiamiento, no hicieron falta muchas palabras para saber qué es lo que había pasado, ya que desde el medio de la multitud fue arrojada hasta delante una mujer de corta estatura, su pelo estaba todo revuelto y enmarañado, tenía un ojo cerrado y amoreteado, un hilo de sangre y polvo recorría su cara desde la nariz pasando por la comisura del labio perdiéndose en el mentón, su cuello se encontraba rojo de la irritación, varias marcas de uñas le habían perforado la piel, y no pocos eran sus rasguños y raspones, su cuerpo temblaba por el miedo y el dolor, su espalda lastimada se encorvaba, sus mancillados brazos tomaban fuertemente su nuca en el inútil intento de esconderse de sus agresores, sus rodillas se contrajeron hasta chocar con su agitado pecho, estaba en posición fetal, desprotegida, abandonada, expuesta frente a todos los que la rodeaban, ya no quedaba un ápice de dignidad en su ser, todo le fue quitado, su vida había sido echada a la suerte. De pronto sintió que alguien le rozaba un hombro, se contrajo aún más esperando un fuerte golpe, pero este nunca vino, movió su cabeza hacia su izquierda, con su ojo sano vio una silueta borrosa, un hombre vestido con una túnica blanca, tapado con un manto color celeste, estaba ahí, cerca, muy cerca, de cuclillas, escribiendo con uno de sus dedos en el suelo algo ilegible y lejano a toda esa situación, se sintió observada por él, y le pareció vislumbrar un dejo de piedad, su respiración tendía a calmarse pero sus temblores no cedían, de repente, una voz gutural gritó algo al resto de la multitud, algo de su saliva cayó sobre ella, le contestaron al unisonó con sonidos inteligibles, la mujer ocultó su rostro nuevamente, el frio silencio se abrió paso entre la multitud, mientras la incomodidad tomaba su lugar trepando en un árbol cercano, el tiempo se había detenido, la briza matinal desapareció, el ruido tocaba notas mudas e impacientes, el hombre de túnica blanca quebró con su profunda voz el conjuro que se había perpetrado, fueron pocas sus palabras, ella no las escuchó, el murmullo no tardó en aparecer, el silencio y la incomodidad se miraron con una sonrisa cómplice y se dispusieron a salir, fueron seguidas por las filas de los agitadores, uno a uno dejaron caer sus piedras, escupían al piso mientras agachaban sus cabezas y pateaban con furia la tierra bajo sus pies, al poco tiempo la plaza quedó desierta, los pájaros comenzaron a cantar sus melodiosas canciones, la briza tomó nuevamente el camino que había abandonado un poco antes, el sol comenzó a hacerse sentir, la mujer levanto nuevamente la cabeza, contempló el nuevo escenario, no entendió si estaba despierta o solo dormía un sueño interminable, de pronto lo vio, el hombre de túnica blanca seguía ahí, apoyado con su espalda en el pozo, con su dedo escribiendo en la tierra, escucho su voz, una pregunta la tomó desprevenida, desorientada, contestó con asombro e incertidumbre, el varón de túnica blanca se puso en pie sin mirarla, caminó unos pasos en pos del templo del cual había salido, se giró sobre sus talones, bajó sus hombros mientras le habló nuevamente, un sonido dulce tomó la forma de una frase saliendo de su boca, sus palabras se atesoraron en el corazón de la mujer para siempre.

jueves, 18 de enero de 2018

La Tranquera - CAPITULO 12

Martes 26 de Febrero del 2008
     Don Jorge es mi vecino, un hombre entrado en años unos setenta diría yo, su pelo canoso, revuelto y enmarañado, se asoma por debajo de su boina agrisada, unas bombachas gauchescas de color negro, o que en otros tiempos lo fue, gastadas por el uso, unas alpargatas de yute color verde musgo decoradas con una guarda pampa negra y roja, y una camisa a cuadros blanca y celeste con manchas de sudor y vaya uno a saber qué otras cosas, así lo vi por primera vez, y así lo sigo viendo desde entonces en cada ocasión que me lo cruzo. Siempre con una sonrisa, y su ahora cotidiana invitación a degustar unos amargos en el jardín. – ¡Hay tortas fritas!- me gritó mientras agitaba una mano en el cielo.
Agarré unos bizcochitos que tenía guardados para un momento especial, (y con especial me refiero a usarlo cuando no tengo ganas de cocinar), crucé el alambrado que separan las dos propiedades, y caminé hasta el rústico banco de madera.
-¡Buenas tardes don Jorge!, ¿Cómo dice que le va?- Le pregunté mientras me acomodaba en mi asiento.
- Acá andamos pibe- Me contestó con la mirada perdida en el espacio y tiempo.
Me convidó un mate amargo y caliente que acepté inclinando mi cabeza en son de gracias. Señaló sobre el tronco cortado de lo que pudo haber sido un gran árbol, la bandeja con las tortas fritas bien calentitas, tomé una con ansias, a lo que el asintió con una sonrisa.
 Sin mediar palabra, todavía mirando a lo lejos, con ojos tristes, como recordando una charla pendiente de hace mucho tiempo atrás comenzó a contarme…
-          Cuando era pibe, así de tu edad, todo esto era campo, en invierno se ponía gris el piso, por la escarcha, ¿Temprano?- se interrumpió preguntándome para ver si lo seguía- asentí con mi cabeza, y el volvió a perderse en sus recuerdos.- Me acuerdo una nevada muy fuerte por estos lados, todo estaba congelado, raro, blanco se veía, hasta los árboles, el viento soplaba que ¡mamita querida!. Era más lindo el color blanco, menos triste que el gris, pero me agarró desprevenido ¿viste?- me dijo al tiempo que chasqueaba los dedos y me guiñaba el ojo.- salí a buscar leña para echarle a la salamandra[1], y allá,- me señaló la casa de mi hermano, no había más que un monte[2], y empecé a ver luces, fuego que salía del medio, no le presté atención, no al menos hasta darme cuenta que la leña no estaba donde la había dejado. En ese momento pensé en las luces y dije ¡puta, me robaron estos guachos! Volví a la casa, agarré la escopeta, y me fui corriendo al monte, a ver si los agarraba. – para darles un susto, mencionó aguzando la voz- cuando me fui acercando escuché murmullos, como si alguien estuviese cantando despacito- comenzó a hacer una melodía con la boca, sin decir ninguna palabra, y ahora me miraba, como esperando que yo sepa la letra. -Parece una canción de iglesia le dije.- terminó de tararear con un gesto de resignación, y volvió a aquella mirada perdida. – me fui acercando de a poco a donde estaba la luz, no veía a nadie, pero seguía escuchando la música, y de repente me tropecé con una raíz que salía de la tierra, me caí, y cuando me levanté… nada, no había más luz, no se escuchaban más voces, solo el viento. Caminé un poco más y ahí estaba la leña toda consumida, cenizas nomás, ya frías, ni humo había, y eso no era todo- Me dijo sin perder la mirada en el pasado.- los árboles, todos chamuscados estaban, negros, ¿como si hubiesen estado en un incendio? ¿y después hubiesen quedado sumergidos bajo un rio por años? Negros y podridos, así estaban, yo no lo podía creer- exclamó agitando el mate en su mano, lo suficiente como para derramarse un poco de agua caliente, verde, en sus pantalones ya sucios. Volví cagando para la casa, con un ¡Jupele[3]!- se reía mientras se limpiaba con la mano. Al otro día lo llevé a mi hermano para que viera, no me creía.- y se volvió serio y ceñudo.- No sé qué vio el gringo ese día- se me adelantó, y yo me quedé atrás. – ¡cagado en las patas estaba, pibe!- me dijo como queriéndose excusar. – Cuando regresó estaba pálido el gringo, más pálido que de costumbre.- Escupió. – salió de entre los árboles, se fue para la casa, se metió en su habitación, en la cama, así vestido como estaba, cuando llegué, lo encontré acostado, mirando el techo y susurrando la melodía. Le pregunté si estaba bien, no me contestó, de hecho lo único que hacía era repetir la melodía una y otra vez. – ¿Sabes lo difícil que era traer al médico a tu casa en esa época? ¿y con la nevada? ¡Puuh’ta che! – Exclamó algo hastiado. Hasta el otro día no vino el doctor. Cuando lo vio dijo que no se podía hacer nada. - ¿Hacer nada de qué?- le pregunté al viejo. – El me miró con cara de no entender mi pregunta, y me dijo, tu hermano, tiene un cáncer muy avanzado, ya no podemos hacer nada para frenarlo. El tema es que mi hermano se encontraba bien, ¡ningún cáncer ni que ocho cuartos! – El gringo se fue esa noche, lo velamos al otro día, cuando terminó el velatorio, ni me cambié, fui directo a buscar el tractor, a la mañana siguiente había arrancado casi todos los árboles, terminé que no me podía sostener, pero con una tranquilidad ¡que ni te cuento pibe! – Tu hermano empezó a construir ahí en diciembre del 2006, - me señaló con la cabeza en dirección a la casa, - cuando llegó julio el año pasado, tuvimos una nevada muy fuerte, como no había visto en años, el Raúl estaba trabajando en el terreno, así que calenté el agua para el mate, preparé unas tortas fritas, y le fui a hacer compañía. Cuando estaba saliendo, vi que había una luz rara adentro de la casa, - pensé que estaba soldando algún fierro, ¿viste? – me preguntó, buscando que su lógica tenga sentido en mis ojos. – cuando llegué al alambrado le pegué el grito, y pensé que me había escuchado porque la luz se apagó, y de repente lo veo a tu hermano que sale disparando con el nene en los brazos, ¡pobre criatura que lo parió! – El siguió hablando, pero ya no podía seguir pensando en otra cosa. ¿Un nene? ¿Mi sobrino?



[1] Estufa a leña que sirve para calentar habitaciones
[2] Definición rural que se le da a un cúmulo de árboles
[3] Expresión sin. miedo

miércoles, 17 de enero de 2018

La Tranquera - CAPITULO 11

     Domingo 24 de febrero del 2008 

     Me tiembla el pulso, todavía no entiendo bien que pasó, voy a tratar de explicar todo tal cual y como lo vi.

     Fui a la plaza, creyendo que mucha gente iba a estar dando vueltas por ser domingo, aparentemente llegué tarde, para cuando extendí la manta quedaban pocos curioseando, debí darme cuenta al ver que muchos de los puestos no se habían armado, incluso Vero no había ido, pensé que solo era porque iba para “El Volcán” a quedarse en lo de una amiga, pero era obvio que ella sabía que no valía la pene abrir de tarde noche, domingos es para mañaneros, tendría que haberlo entendido sin el doble sentido.

     Volví más temprano de lo habitual, en la casa de mi hermano todavía seguían algunas luces prendidas, me sentí tentado a pasar, como de casualidad, de casualidad tengan algo para comer… pero al ir acercándome noté que Pampa no había salido a mi encuentro, miré para todos lados, y la llamé, bajito, para no asustar a la familia, pero no aparecía. Me dije a mi mismo que debía estar adentro, y de repente las luces de la casa se apagaron, maldije para mis adentros por no haberme apurado a entrar, ahora era tarde, me daba vergüenza molestarlos en el momento que se iban a dormir, así que me di media vuelta y seguí mi camino, de todas maneras tengo unas latas de atún, solo que no tenía ganas de cocinar, y si tenía ganas de pasar a comer algo rico e improvisado con la familia.

     Arrastré los pies, disfrutando del sonido de la nada, bueno, la nada, incluso en el campo, es difícil de percibir, siempre hay un sapo, un grillo, y vaya uno a saber cuántas cosas más que hacen ruidos y sonidos, pero esta noche parecía que todos habían desaparecido, ni el viento se hizo presente. Dos puntos brillantes de luz se aparecieron delante de la tranquera, me paralicé, hasta que escuché el ladrido de un perro, - ¡Pampa!- grité, y los dos puntos se agrandaron, perdieron su brillo y desaparecieron al ir tomando forma la cara y el cuerpo de la labradora más linda de todas. Me incliné para recibirla con un abrazo, pero no se acercó tanto, se detuvo solo para seguir con algunos ladridos, y sin esperar respuesta volvió ladrando hasta la tranquera de madera, me acerqué despacio mientras ella se sentaba en sus cuartos traseros y enmudecía, saqué la linterna y las llaves del candado de la mochila, Pampa seguía en modalidad estatua a mi lado, se escuchó el ¡CLIP! Deslicé la cadena, levante el postigo de metal, y ni bien abrí, la perra salió disparada hacía dentro como una bala, a los gritos de -¡vení para acá! Y – ¡Pampa! Pero no había más señal de ella que sus ladridos que cada vez se hacían más lejanos. Apunté con mi linterna en dirección al sonido, y de repente -¡BINGO! Ahí se encontraba, en posición defensiva, al frente de la puerta de la casa, ladrando y gruñendo desenfrenada a uno de los laterales de la edificación. Giré con la linterna buscando un objetivo, no había nadie alrededor. Volví a alumbrar a Pampa que ahora miraba directamente hacia donde yo me encontraba, sentí como toda mi sangre se helaba dentro de mí, pensé que me iba a atacar, cuando de repente, algo sujetó mi mochila y me arrojó hacia atrás. La linterna salió disparada de mi mano al tiempo que mi cuerpo chocaba contra la tierra, muchas cosas sucediendo al mismo instante, en muy pocos segundos, pero sé que vi algo más, además de Pampa y de mí, no sé qué es, no sé quién es, pero sospecho que es esa cosa ya apareció antes, y la perra parece verlo o sentirlo.


La Tranquera- CAPITULO 10

Sábado 23 de febrero del 2008    

     Son las tres de la tarde, volví hace una hora de la casa de Vero. Ayer, cuando terminamos de guardar las cosas de su puesto en la plaza, (porque lo mío es poner todo en la mochila y listo) fuimos a tomar algo al bar que está al frente, como aquella primera vez, pero no nos quedamos mucho tiempo en esta oportunidad. Los besos y las caricias no se hicieron esperar, incluso las miradas habían cambiado, de ser picaras y un tanto burlonas, pasaron a ser más lascivas y lujuriosas. Así que pagamos, (dejamos la plata justa encima de la mesa), nos levantamos, y a un paso digno de un corredor olímpico, nos marchamos, aunque en nuestro caso, debo decir, que parecíamos corredores con vallas, cada rincón oscuro nos proporcionaba un obstáculo, un placentero y tentador obstáculo, sentí latir mi corazón más fuerte y rápido que nunca, pero no quería dar la alerta de mi excitación ya que me parecía un poco vergonzoso, pero al verle el rostro a Vero, me di cuenta que a ella le estaba sucediendo la misma cosa. Algo de temblor en las extremidades, mejillas enrojecidas, labios húmedos e hinchados, evidentemente el flujo de sangre se había intensificado, tanto en ella como en mi propia persona.

     Me tomo un tiempo recobrar la compostura, y mucho menos volverla a perder. Sus caricias estremecieron todo mi cuerpo, mi pecho estallaba con cada latido de mi corazón. Ver sus delicados movimientos mientras se sacaba la ropa, fue un espectáculo único en mi vida, se había ganado toda mi atención. Yo por otro lado, no pude mostrar la misma gracilidad, sin embargo se entendía como parte del momento, y no desentonaba.


     Nos fundimos en un largo y apasionado beso, nuestros cuerpos desnudos rozándose, nuestras miradas cruzándose furtivamente, nuestro deseo abarcándolo todo, no solo nuestros cuerpos, la noche, la luz, el ambiente, todo era perfecto. Una velada mágica, con un final soñado. Creo que nos estamos enamorando. Se siente increíble.

martes, 2 de enero de 2018

La Tranquera - CAPITULO 9

     Miércoles 20 de Febrero del 2008

     Aparentemente era mi sugestión, y nada más que eso, ya es la tercera noche aquí, y nada raro ha pasado, solo se escuchan los ruidos comunes y normales de la naturaleza, el viento agitando alguna rama, o silbando arriba de esta casa sin techo, algún animal nocturno caminando por ahí, inclusive los mugidos de las vacas y los relinchos de los caballos ya me parecen cosa de todos los días. Le estoy tomando cariño al lugar, todo encaja perfecto, inclusive esta tétrica edificación a medio terminar pareciera acoplarse al paisaje, y tengo la libertad de hacer mis cosas sin molestar a nadie. Hoy estuve toda la mañana tomando mate y haciendo algunas artesanías para mañana, me senté debajo de uno de los árboles frutales, y le dediqué un largo tiempo al diseño de cosas nuevas, busqué las inspiración en aquellas cosas que me rodeaban, y de repente las vi, una colonia de hormigas coloradas y grandes, estaban transitando una carretera imaginaria, sin molestarse, sin interrumpirse, por lo menos distinguí dos tipos de estas en esa vía, se podría decir que unas eran soldados, las más grandes, y las otras, las que más abundaban, eran obreras, de menor tamaño, pero más inquietas. Por momentos alguna parecía desbandarse, e ir en busca de otro camino, a los segundos una de los soldados se ponía delante para guiar a la hormiga obrera nuevamente a la senda correspondiente, me llamó mucho la atención esta acción, como si se tratase de un niño abusón, que usa su tamaño para intimidar otro muchacho más pequeño, sin embargo, entendí al verlas, que su trabajo era necesario, para mantener el orden, ya que la recolección de comida, que es lo que las obreras tienen por tarea, es fundamental para la supervivencia de la colonia, fue en ese momento que me percaté de la necesidad de ciertos roles en las diferentes sociedades, también examiné mi propia realidad, tuve solo por poco tiempo la protección de aquella persona que podría haberme puesto nuevamente en camino, y no puedo evitar pensar que hubiese sido de mi, si mi mamá estuviese viva, si mi padre, no se hubiese ido con otra mujer, recién ahora, y con mucho recelo, estoy sintiendo eso de ser parte de una colonia, una familia, tantos años abriéndome camino a fuerza de voluntad, tanta fatiga, tantas decisiones tomadas con desatino, tantas lagrimas, tanto dolor, y hoy, sin haberlo merecido, ni haberlo buscado, encuentro el refugio y el amor que durante tantos años busqué, me cuesta mucho trabajo demostrarle a Raúl lo importante que es para mi tenerlo en mi vida, y tener por añadidura a su hermosa familia que me ofreció sus bondades con brazos abiertos, sin hacerme sentir como un completo extraño, ni forastero. ¿Y que decir de Vero? Me siento como un niño al que le compran ese regalo que estaba deseando, se me hace muy fácil hablar con ella, tengo la extraña sensación de haberme encontrado con alguien a quien siempre conocí, pero que el destino había apartado de mi lado por un lapso de tiempo, para luego devolverla a mi vida. Hoy siento que el rompecabezas se estuviese armando, las piezas que faltaban empiezan a aparecer, piezas importantes, necesarias, pero tengo el presentimiento que aún faltan más por hacer su presentación. Espero que sean tan buenas y lindas como las que ya decidieron formar parte de mi vida.

Preguntame que me gusta 2

¿Regresarías el tiempo para resolver algo que haya salido mal contigo o lo dejarías todo así, pues lo que ha pasado te hace ser quien eres?...