lunes, 22 de enero de 2018

De esas cosas que te pasan...

11 PM, una guitarra alegre apaga sus últimos acordes, los sonidos de la tumbadora repiquetean
como la lluvia de tormenta, after climax, aparecen los aplausos perdidos de algunos huéspedes
dispersos, de esos que llegaron tarde, de un viaje largo, aquellos que están guardando fuerzas
para salir en otra noche, aquellos que decidieron pasar una noche diferente en Cancún. En medio
de chistes, elogios y brindis por nuestros países de origen, las conversaciones no se hacen esperar,
el hielo ya está roto, somos viajeros compartiendo historias, recuerdos.
- Oye tío!- Se escucha del otro lado de la mesa, cerca de la antigua barra, con un acento
Catalán efervescente. -  Cuando tenía 14 años, jugué al futbol con Messi.- sonaron algunas risas, más chistes, pero
algunos oídos permanecieron atentos.
A mí personalmente me llamo la atención, y decidí prestarle mi oído para escuchar su historia.
Resulta que este chaval, es de la misma categoría que Lionel Messi, Gerard Piqué, y Cesc Fábregas,
los cuales jugaron juntos desde la prepa en el FC Barcelona. Y sin saber cómo llamarlo, si
casualidad o causalidad, su colegio, su año, su equipo, tuvo que competir contra estas promesas
de ayer, cracs de futbol mundial hoy. 
Mientras recordaba aquellos días se podía ver en sus ojos los relámpagos de alegría que lo
iluminaban desde adentro, evocando los momentos culminantes del partido, haciendo fintas en el
aire con un balón invisible. De repente nos cuenta. – cambio! El arma secreta del Barcelona entra
en escena, una pulga, no luce como de su edad, y el jugando de su posición de central, incluso
alegando a los gritos.- Pues encima a los 14 era más alto que piqué eh tío!.
Más allá de haber perdido ese partido, quizás de haber albergado cierta amargura durante los días
suficientes, tiempo después ese partido comienza a tomar parte importante de su vida, tan
importante que, una década después, sigue sacando brillo.
Historias que brillan, que iluminan, que decoran las mágicas noches del Caribe mexicano, que
contagian, crecen y se desarrollan en otros.
Para terminar, sacó la foto de los archivos guardados de su celular, una formación combinada
entre los dos equipos, un adolescente alto al lado de otro casi tan alto como el, pecheando,
imponiéndose a la figura de un inconfundible Piqué, y del otro lado de la imagen, un personaje
diminuto, arrodillado mirando a cámara, quien hubiese sabido de él en ese momento?
Una noche en el Quetzal.

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¿Regresarías el tiempo para resolver algo que haya salido mal contigo o lo dejarías todo así, pues lo que ha pasado te hace ser quien eres?...