11 PM,
una guitarra alegre apaga sus últimos acordes, los sonidos de la tumbadora
repiquetean
como
la lluvia de tormenta, after climax, aparecen los aplausos perdidos de algunos
huéspedes
dispersos,
de esos que llegaron tarde, de un viaje largo, aquellos que están guardando
fuerzas
para
salir en otra noche, aquellos que decidieron pasar una noche diferente en
Cancún. En medio
de
chistes, elogios y brindis por nuestros países de origen, las conversaciones no
se hacen esperar,
el
hielo ya está roto, somos viajeros compartiendo historias, recuerdos.
-
Oye tío!- Se escucha del otro lado de la mesa, cerca de la antigua barra, con
un acento
Catalán
efervescente. - Cuando tenía 14 años,
jugué al futbol con Messi.- sonaron algunas risas, más chistes, pero
algunos
oídos permanecieron atentos.
A
mí personalmente me llamo la atención, y decidí prestarle mi oído para escuchar
su historia.
Resulta
que este chaval, es de la misma categoría que Lionel Messi, Gerard Piqué, y
Cesc Fábregas,
los
cuales jugaron juntos desde la prepa en el FC Barcelona. Y sin saber cómo
llamarlo, si
casualidad
o causalidad, su colegio, su año, su equipo, tuvo que competir contra estas
promesas
de
ayer, cracs de futbol mundial hoy.
Mientras
recordaba aquellos días se podía ver en sus ojos los relámpagos de alegría que
lo
iluminaban
desde adentro, evocando los momentos culminantes del partido, haciendo fintas
en el
aire
con un balón invisible. De repente nos cuenta. – cambio! El arma secreta del
Barcelona entra
en
escena, una pulga, no luce como de su edad, y el jugando de su posición de
central, incluso
alegando
a los gritos.- Pues encima a los 14 era más alto que piqué eh tío!.
Más
allá de haber perdido ese partido, quizás de haber albergado cierta amargura
durante los días
suficientes,
tiempo después ese partido comienza a tomar parte importante de su vida, tan
importante
que, una década después, sigue sacando brillo.
Historias
que brillan, que iluminan, que decoran las mágicas noches del Caribe mexicano,
que
contagian,
crecen y se desarrollan en otros.
Para
terminar, sacó la foto de los archivos guardados de su celular, una formación
combinada
entre
los dos equipos, un adolescente alto al lado de otro casi tan alto como el,
pecheando,
imponiéndose
a la figura de un inconfundible Piqué, y del otro lado de la imagen, un
personaje
diminuto,
arrodillado mirando a cámara, quien hubiese sabido de él en ese momento?
Una
noche en el Quetzal.
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