miércoles, 17 de enero de 2018

La Tranquera - CAPITULO 11

     Domingo 24 de febrero del 2008 

     Me tiembla el pulso, todavía no entiendo bien que pasó, voy a tratar de explicar todo tal cual y como lo vi.

     Fui a la plaza, creyendo que mucha gente iba a estar dando vueltas por ser domingo, aparentemente llegué tarde, para cuando extendí la manta quedaban pocos curioseando, debí darme cuenta al ver que muchos de los puestos no se habían armado, incluso Vero no había ido, pensé que solo era porque iba para “El Volcán” a quedarse en lo de una amiga, pero era obvio que ella sabía que no valía la pene abrir de tarde noche, domingos es para mañaneros, tendría que haberlo entendido sin el doble sentido.

     Volví más temprano de lo habitual, en la casa de mi hermano todavía seguían algunas luces prendidas, me sentí tentado a pasar, como de casualidad, de casualidad tengan algo para comer… pero al ir acercándome noté que Pampa no había salido a mi encuentro, miré para todos lados, y la llamé, bajito, para no asustar a la familia, pero no aparecía. Me dije a mi mismo que debía estar adentro, y de repente las luces de la casa se apagaron, maldije para mis adentros por no haberme apurado a entrar, ahora era tarde, me daba vergüenza molestarlos en el momento que se iban a dormir, así que me di media vuelta y seguí mi camino, de todas maneras tengo unas latas de atún, solo que no tenía ganas de cocinar, y si tenía ganas de pasar a comer algo rico e improvisado con la familia.

     Arrastré los pies, disfrutando del sonido de la nada, bueno, la nada, incluso en el campo, es difícil de percibir, siempre hay un sapo, un grillo, y vaya uno a saber cuántas cosas más que hacen ruidos y sonidos, pero esta noche parecía que todos habían desaparecido, ni el viento se hizo presente. Dos puntos brillantes de luz se aparecieron delante de la tranquera, me paralicé, hasta que escuché el ladrido de un perro, - ¡Pampa!- grité, y los dos puntos se agrandaron, perdieron su brillo y desaparecieron al ir tomando forma la cara y el cuerpo de la labradora más linda de todas. Me incliné para recibirla con un abrazo, pero no se acercó tanto, se detuvo solo para seguir con algunos ladridos, y sin esperar respuesta volvió ladrando hasta la tranquera de madera, me acerqué despacio mientras ella se sentaba en sus cuartos traseros y enmudecía, saqué la linterna y las llaves del candado de la mochila, Pampa seguía en modalidad estatua a mi lado, se escuchó el ¡CLIP! Deslicé la cadena, levante el postigo de metal, y ni bien abrí, la perra salió disparada hacía dentro como una bala, a los gritos de -¡vení para acá! Y – ¡Pampa! Pero no había más señal de ella que sus ladridos que cada vez se hacían más lejanos. Apunté con mi linterna en dirección al sonido, y de repente -¡BINGO! Ahí se encontraba, en posición defensiva, al frente de la puerta de la casa, ladrando y gruñendo desenfrenada a uno de los laterales de la edificación. Giré con la linterna buscando un objetivo, no había nadie alrededor. Volví a alumbrar a Pampa que ahora miraba directamente hacia donde yo me encontraba, sentí como toda mi sangre se helaba dentro de mí, pensé que me iba a atacar, cuando de repente, algo sujetó mi mochila y me arrojó hacia atrás. La linterna salió disparada de mi mano al tiempo que mi cuerpo chocaba contra la tierra, muchas cosas sucediendo al mismo instante, en muy pocos segundos, pero sé que vi algo más, además de Pampa y de mí, no sé qué es, no sé quién es, pero sospecho que es esa cosa ya apareció antes, y la perra parece verlo o sentirlo.


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