domingo, 17 de diciembre de 2017

La Tranquera - CAPITULO 1

Aullidos y sombras


    En este diario deposito mis últimas esperanzas, espero que alguien lo encuentre pronto, antes que ellos lo hagan...
     Jueves 7 de febrero de 2008
Hace tres días que llegué a la casa de mi medio hermano, acabo de comprar este diario porque me pareció divertido documentar mi experiencia en este lugar y este momento.
    Raúl (mi medio hermano) me animó a expresarme de esta manera, me dijo que algún día podría mirar hacia atrás y olvidar muchas de las cosas que viví, que la mejor manera de perpetuar a las personas, los lugares y las experiencias es a través del papel, también me dio una guía para poder comenzar este diario para situarme en el contexto en el cual estuve, así que saludo al Tomás que está leyendo esto en el futuro!.


     Raúl me dijo que para empezar me ponga delante del espejo y describa lo que estaba viendo, así que aquí estamos, parados delante del espejo del baño. Lo primero que puedo notar es que el viaje que vengo realizando desde hace más de dos meses me ha hecho estar más en forma, aunque sospecho que estoy un poco flaco porque los pantalones se me caen, de alguna manera mis pómulos resaltan bastante más de lo que creía, también veo que mi pelo necesitaría algo más de cuidado, si no fuera tan hippie quizás lo haría. Me río mientras escribo esta imprudente apreciación. Descubrí algunas pocas canas a los costados, pensé que me iban a hacer lucir más viejo, pero dan mucha personalidad, al menos a mi me gustan, continúo con mi propia auto foto frente al espejo, arrugas, sí, algunas pocas cerca de los ojos, se marcan mucho cuando sonrío, me estoy dando cuenta que justamente en ese momento, cuando sonrío, mis ojos se esconden cual oriental, no me decido en el objetivo a usar, si es simpático y aniñado, o solamente llamarme grandote y tonto. Continuando con la inspección de mi rostro, debo decir que he mirado dentro de mi boca, me persigno solamente por haberla nombrado, los dientes están bien alineados, pero el mate y el cigarrillo han hecho mella en ellos, ya no hay blanco perlado como otrora, más bien predomina un amarillo nacarado con marcadas líneas oscuras, espero llegar a Buenos Aires para hacerme un tiempo e ir al dentista. El resto del cuerpo puedo verlo sin utilizar el espejo, mis manos están ásperas,  y debo reconocer que hay momentos en que me duelen un poco las articulaciones, supongo que se debe a lo que hago para ganarme el pan, no se si es correcto anotarlo en este momento, o bien tengo que hacer un apartado, pero voy a arriesgarme a mencionármelo, no vaya a ser que en el futuro me olvide, soy artesano, y a eso me dedico,  aunque no quiero hacer esto toda la vida, sin embargo hoy trabajo metales con mis manos, les doy formas, le agrego cosas y le saco otras, me gustan las formas que representan algo pero están a libre interpretación del comprador, es que cuando uno se sienta en una plaza, extiende la manta y expone sus obras, la gente que pasa suele darte charla sobre lo que haces, y a muchos les gusta hacerse los expertos diciendo tal cosa o tal otra sobre tal o cual artesanía, como a mi solo me interesa venderlas, porque sino no como, dejo que hablen y digan lo que quieran, porque en definitiva el que tiene razón al final del día es el estomago. Tengo algunos cayos en las yemas de los dedos, pero intuyo que estos fueron producidos por la guitarra más que por mi trabajo, en algún momento había pensado en dedicarme a tocar en las plazas y los colectivos, pero recaudaba pocos aplausos y mucho menos monedas, así que con esto recorrí el país, hasta llegar a donde estoy ahora, en San Luis capital, ciudad de los puntanos, en casa de mi medio hermano Raúl, veremos cómo nos trata esta nueva situación.

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