lunes, 11 de diciembre de 2017

El Granadero

El Granadero
     Mil nueve noventa, primer grado, obra de San Martín, audicióno, eso creo, ya no me acuerdo, pero si recuerdo que fui elegido para interpretar al gran prócer argentino, recuerdo el ensayo cruzando los Andes, recuerdo incluso al que hacía de Cabral el soldado heroico, y por sobre todo recuerdo que una semana antes le dicen a mi mamá (por el encriptadisimo cuaderno de comunicaciones) que no podía hacer de San Martín, pero que no me preocupe, iba a ser el nene con el micrófono en la mano . Cuando mi mamá me cuenta (porque aunque yo transportaba toda esa información conmigo no estaba autorizado a leerla) la decisión que tomaron, me sentí mal, recuerdo sentir la frustración de tener algo que me gustaba, en lo que me divertía, en lo que aparentemente era bueno (al menos para una obra escolar a los 6 años) y de repente PUFF! ADIOS!. Yo quería ser el protagonista, me lo había ganado, o lo que sea! no quería ser el nene que leía, quería ser el héroe patrio, el mítico personaje Argentino, pero ya no era posible. En fin, según me contó mi madre (fuente fidedigna e imparcial eh!) ninguno de mis compañeritos sabía leer de corrido, y yo…yo le leía la Biblia a mi Abuela todas las mañanas (ella con anteojos, yo con vista elfica, era lógico no?), no se vale! Yo no tengo la culpa que el resto no sepa leer, me quejaba, (y hacía un berrinche…caprichoso como hijo único ja!). Mi mamá, curiosa persona, empatizando con mi queja de una manera muy cristiana me dice, ”no vas a ser San Martín, pero vas a ser el granadero más lindo” dicho y hecho, para el día de acto escolar me alquiló un traje de granaderos que parecía hecho por todos los duendes de Santa en el Polo norte y traído exclusivamente para mí en el trineo mágico. (Recuerdo que era muy lindo che!). San Martin tenía una pechera de cartón pintado y un sombrero haciendo juego, y aunque me gustaba mucho más mi atuendo, en ese momento lo hubiese dado a cambio de esa pechera y ese sombre de cartón. Que va a entender uno a los 6 años sobre las necesidades institucionales? Porque a decir verdad, es lo que hice, tapé un agujero educacional, la escuela se atribuyó el nivel de lectura del nene para mostrárselo a los padres, directivos, maestros, miembros de la cooperadora y decir “ vieron que bien leen los nenes?” (Hipócritas). Que les iba a importar el sueño del nene de ser el héroe? Bueno, quizás sí, pero no tanto como para mostrarle una fantasía educativa al público. Mi abuela, su costumbre de leer, y hacerme leerle cuando se le cansaba la vista fue el motor de mi aprendizaje de lectura, y mi vieja la que siempre procuró darme todo para que lo que me toque hacer, lo haga con todo lo que se pueda. En granaderito lector hizo lo suyo bien, con un lindo disfraz, (ya en esa época me pedían fotos… ja!) mi madre se sintió orgullosa, y con eso es suficiente para un niño de 6.

 Hoy tengo la posibilidad de usar el micrófono, hoy me sigo sintiendo un privilegiado, hoy puedo comunicar a través de algo que se me dio así, desde chiquito, y tengo la gracia de poder actuar también (o no tan bien). Algún día voy a agarrar la pechera de cartón junto al sombrero y me voy a hacer una cruzada de los Andes en mi escoba/caballo blanco.
 

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