Oleos
y pinceles
Flota en el aire una figura, rayas y manchas
multicolores, texturas uniformes se transportan de mi mente a mis manos,
respiro fuertemente, mi corazón late arrítmicamente, se que lo tengo que
transmitir correctamente, no tengo que dejar que el día se lleve de mi memoria
aquel milagro que ocurrió mientras dormía, ubico el lienzo en el lugar preciso,
al tiempo exacto, trato de sentir el calor de la luz entrando por la ventana,
la calidez me abraza, me siento protegido, como al cuidado de una madre, mi
mente me lleva a otros pensamientos pero me fuerzo a volver a ese momento en el
inconsciente en donde me sentí pleno, me sentí vivo, cada descarga eléctrica de
mi cerebro me mantuvo extasiado, en vilo, quiero pintar, quiero usar mi cuerpo
para crear, algo nuevo, algo bueno en sobremanera, único y placentero. Dispongo
del pincel y la paleta, huelo el aroma de los oleos perfumando el aire, llenan
mis poros, erizan mi piel, me dejo llevar, el pincel es una es una extensión de
mi mano, como mi mano es una extensión de mi mente, mi mente también es una
extensión, de algo superior, de algo sumamente supremo, algo que no sé cómo
explicar, algo que no puedo razonar, pero ese algo me quiere ver pintar lo que
dispuso en mi mente. Me sumerjo en la escena, me apuro a tomar diferentes
marrones y grises, los ubico en la paleta y comienzo a mezclarlos hasta
adquirir el color que tenía en la mente, una satisfacción que nunca había
sentido recorrió todo mi ser, tomó el pincel, concentrado en cada trazo, el
lienzo comienza a tener vida, columnas marrones grisáceas se interponen entre
si, un ejército de grandes robles, altos, imponentes, me saludan orgullosos,
con mirada altiva, sin corrupción, totalmente honesta, los miro absorto,
sorprendido ante su magnitud y gloria, una reverencia se hace presente en mi
cuerpo, sin nadie que la mire, solo ante estos ejemplares que vieron la luz en
un momento de la eternidad y se plasmaron en esta realidad en el día hoy, justo
hoy, en este tiempo, en esta mente, en este pincel, tengo la sensación de una
terrible desnudez al verlos, por eso tomo nuevamente la paleta y veo la alegría
de los arboles cuando mezclo los verdes y ocres, estaban esperando la compañía
de las hojas, excelsas columnas vestidas de esmeralda y carmesí, bañadas por
las lagrimas de la tierra, el abrigo del frio y la nieve, la dama de los
cuidados y señora del resguardo, tardo mi tiempo en cada detalle, cada hoja
puesta va en el mismo lugar en donde aparecía en mi sueño, haciendo vestidos
largos hasta el suelo, cubriendo la tierra como un manto de realeza, nuevamente
me separo del lienzo para contemplar la obra, la luz que entraba por mi ventana
ha desaparecido, ¿Cuánto tiempo pasó? ¿Cuánto me demoré en este éxtasis? Tengo
que seguir, no puedo flaquear ahora, no tengo hambre ni sueño, solo ganas de
ver la obra completa, el reposo de ver la obra terminada, cierro los ojos
nuevamente y saboreo el final, la luz, creadora de vida, productora de la
dualidad, entre lo claro y los oscuro, algo empieza a resplandecer cuando tomos
los blancos y amarillos, el bosque está ansioso de recibir el toque final, el
manto de oro sobre sus lomos, la alegría del día en su máxima exponencia, mis
manos tiemblan, mi pulso se acelera, busco las entradas y los recovecos en
donde se pueda filtrar el mínimo destello de pureza, siento que el cuadro se
llena más y más de vida, como una música que llega a su clímax, algo que se
repite y va en creciente, un sonido uniforme, todos tocan al unísono, sonido de
tambores y trompetas, arpas y violines, nadie desentona, llega el final, todo
se interrumpe en un silencio aturdidor, nos miramos y nos reímos, creador y
creación, yo los entiendo, ellos me entienden, exhalo con júbilo, y comienza
nuevamente la canción, la sintonía que trajeron a la vida todos mis oleos y
pinceles.
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